8 de agosto de 2009

Trabajo presentado por Safronchik Melisa EEM 3 1°10°

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Trabajo presentado por Melisa de 1°10° ¡Excelente presentación! Felicitaciones.

7 de agosto de 2009

Cuento El gato negro para descargar

El gato negro esb28.doc Aquí les dejo el cuento ya para descargarlo, clickeen y lo bajan en word.
Profe. Sara

6 de agosto de 2009

INFORMACIÓN PARA 1°10° EEM N° 3




El material se encuentra en fotocopiadora y en este blog.
Profe Sara

"La noche boca arriba" de Julio Cortázar (1° 10°) EEM 3

Julio Cortázar, es el autor de uno de los mejores cuentos donde se mezclan y se confunden, a través de un pasadizo o túnel del tiempo las vivencias de un joven motociclista contemporáneo y las de un guerrero moteca perseguido por los aztecas en el marco del tiempo sagrado de la "guerra florida."El juego del sueño soñado y la confusión con la realidad no es un tema nuevo en la literatura y es un tópico frecuente dentro del género fantástico del cual Cortázar es uno de los mejores representantes. Esa vacilación entre una explicación "racional y lógica" o la aceptación de lo "mágico y sobrenatural" es el objetivo de lo fantástico.
Aquí les dejo el video, una muestra de la interpretación de este excelente texto.

Guía de análisis sobre "La Casa de Bernarda Alba" para 2°2° EEM 3


"La casa de Bernarda Alba" Libro para descargar

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Para los alumnos de 2°2° de EEM 3, aquí les dejo el libro de La casa de Bernarda Alba, tienen que entrar en el documento y leerlo o imprimirlo.
Clickeen aquí y podrán descargar el libro en word)
La profe Sara

Biografía de Federico García Lorca


Los primeros años de la infancia de Federico García Lorca transcurrieron en el ambiente rural de su pequeño pueblo granadino, para después ir a estudiar a un colegio de Almería.
Continuó sus estudios superiores en la Universidad de Granada: estudió filosofía y letras y se licenció en derecho. En la universidad hizo amistad con Manuel de Falla, quien ejerció una gran influencia en él, transmitiéndole su amor por el folclore y lo popular.
A partir de 1919, se instaló en Madrid, en la Residencia de Estudiantes, donde conoció a Juan Ramón Jiménez y a Machado, y trabó amistad con poetas de su generación y artistas como Buñuel o Dalí. En este ambiente, Lorca se dedicó con pasión no sólo a la poesía, sino también a la música y el dibujo, y empezó a interesarse por el teatro. Sin embargo, su primera pieza teatral, El maleficio de la mariposa, fue un fracaso.
En 1921 publicó su primera obra en verso, Libro de poemas, con la cual, a pesar de acusar las influencias románticas y modernistas, consiguió llamar la atención. Sin embargo, el reconocimiento y el éxito literario de Federico García Lorca llegó con la publicación, en 1927, de Canciones y, sobre todo, con las aplaudidas y continuadas representaciones en Madrid de Mariana Pineda, drama patriótico.
Entre 1921 y 1924, al mismo tiempo que trabajaba en Canciones, escribió una obra basada en el folclore andaluz, el Poema del cante jondo (publicado en 1931), un libro ya más unitario y madurado, con el que experimenta por primera vez lo que será un rasgo característico de su poética: la identificación con lo popular y su posterior estilización culta, y que llevó a su plena madurez con el Romancero gitano (1928), que obtuvo un éxito inmediato. En él se funden lo popular y lo culto para cantar al pueblo perseguido de los gitanos, personajes marginales marcados por un trágico destino. Formalmente, Lorca consiguió un lenguaje personal, inconfundible, que reside en la asimilación de elementos y formas populares combinados con audaces metáforas, y con una estilización propia de las formas de poesía pura con que se etiquetó a su generación.
Tras este éxito, Lorca viajó a Nueva York, ciudad en la que residió como becario durante el curso 1929-1930. Las impresiones que la ciudad imprimió en su ánimo se materializaron en Poeta en Nueva York (publicada póstumamente en 1940), un canto angustiante, con ecos de denuncia social, contra la civilización urbana y mecanizada de hoy. Las formas tradicionales y populares de sus anteriores obras dejan paso en esta otra a visiones apocalípticas, hechas de imágenes ilógicas y oníricas, que entroncan con la corriente surrealista francesa, aunque siempre dentro de la poética personal de Lorca.
De nuevo en España, en 1932 Federico García Lorca fue nombrado director de La Barraca, compañía de teatro universitario que se proponía llevar a los pueblos de Castilla el teatro clásico del Siglo de Oro. Su interés por el teatro, tanto en su vertiente creativa como de difusión, responde a una progresiva evolución hacia lo colectivo y un afán por llegar de la forma más directa posible al pueblo. Así, los últimos años de su vida los consagró al teatro, a excepción de dos libros de poesía: Diván del Tamarit, conjunto de poemas inspirados en la poesía arábigo andaluza, y el Llanto por Ignacio Sánchez Mejías (1936), hermosa elegía dedicada a su amigo torero, donde combina el tono popular con imágenes de filiación surrealista.
Las últimas obras de Federico García Lorca son piezas teatrales. Yerma (1934) es una verdadera tragedia al modo clásico, incluido el coro de lavanderas, con su corifeo que dialoga con la protagonista comentando la acción. Parecido es el asunto en Bodas de Sangre (1933), donde un suceso real inspiró el drama de una novia que huye tras su boda con un antiguo novio (Leonardo). La huida, llena de premoniciones, en la que la propia muerte aparece como personaje, presagia un final al que se viene aludiendo desde la primera escena y en el que ambos hombres se matarán, segando así la posibilidad de continuidad de la estirpe por ambas ramas y renovando la muerte del padre del novio a manos de la familia de Leonardo. De esta manera, la pasión y la autobúsqueda concluyen con la destrucción de todo el orden establecido.
Fuente:http://www.biografiasyvidas.com/biografia/g/garcia_lorca.htm

4 de agosto de 2009

Trabajo realizado por Julián Maciel. 1°10° EEM 3

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Excelente presentación utilizando los recursos Tic, para la elaboración de Mapas Conceptuales.

Realizado con el programa CMAP. ¡Felicitaciones!

Trabajos de alumnos: Presentación de Schiazzano María Agustina

Aquí les dejo para compartir con ustedes una excelente presentación de mi alumna Schiazzano María Agustina, de la Escuela Educación Media N° 3 , curso 1° 10°

¡Felicitaciones por el desempeño puesto en su realización!

Trabajos de alumnos: Presentación de Micaela Sosa

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Presentación realizada por la alumna Micaela Sosa de 1° 10° de Escuela de Educación Media N°3 Alfonsina Storni.

¡Excelente presentación! Felicitaciones por el trabajo.

Trabajo práctico por Florencia Benítez EEM 3


El avaro de Molière por Anabella Sánchez EEM N°3 1°10° TM

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Trabajo realizado por Priscila Colman Berenice de 1°10° EEM N°3 sobre El avaro de Moliere

Este trabajo fue presentado en la clase de Lengua y Literatura por la alumna Priscila Colman Berenice, alumna de la Escuela de Educación Media N° 3, sobre "El avaro" de Moliere.

¡Felicitaciones! Excelente trabajo.

3 de agosto de 2009

"La noche boca arriba" de Julio Cortázar

Y salían en ciertas épocas a cazar enemigos; le
llamaban la guerra florida

LA NOCHE BOCA ARRIBA
A mitad del largo zaguán del hotel pensó que debía ser tarde, y se apuró a salir a la calle y sacar la motocicleta del rincón donde el portero de al lado le permitía guardarla. En la joyería de la esquina vio que eran las nueve menos diez; llegaría con tiempo sobrado donde iba. El sol se filtraba entre los altos edificios del centro, y él -porque para sí mismo, para ir pensando, no tenía nombre- montó en la máquina saboreando el paseo. La moto ronroneaba entre sus piernas, y un viento fresco le chicoteaba los pantalones.Dejó pasar los ministerios (el rosa, el blanco) y la serie de comercios con brillantes vitrinas de la calle Central. Ahora entraba en la parte más agradable del trayecto, el verdadero paseo: una calle larga, bordeada de árboles, con poco tráfico y amplias villas que dejaban venir los jardines hasta las aceras, apenas demarcadas por setos bajos. Quizá algo distraído, pero corriendo sobre la derecha como correspondía, se dejó llevar por la tersura, por la leve crispación de ese día apenas empezado. Tal vez su involuntario relajamiento le impidió prevenir el accidente. Cuando vio que la mujer parada en la esquina se lanzaba a la calzada a pesar de las luces verdes, ya era tarde para las soluciones fáciles. Frenó con el pie y la mano, desviándose a la izquierda; oyó el grito de la mujer, y junto con el choque perdió la visión. Fue como dormirse de golpe.Volvió bruscamente del desmayo. Cuatro o cinco hombres jóvenes lo estaban sacando de debajo de la moto. Sentía gusto a sal y sangre, le dolía una rodilla, y cuando lo alzaron gritó, porque no podía soportar la presión en el brazo derecho. Voces que no parecían pertenecer a las caras suspendidas sobre él, lo alentaban con bromas y seguridades. Su único alivio fue oír la confirmación de que había estado en su derecho al cruzar la esquina. Preguntó por la mujer, tratando de dominar la náusea que le ganaba la garganta. Mientras lo llevaban boca arriba hasta una farmacia más próxima, supo que la causante del accidente no tenía más que rasguños en las piernas. "Usté la agarró apenas, pero el golpe le hizo saltar la máquina de costado...'' Opiniones, recuerdos, despacio, éntrenlo de espaldas, así va bien, y alguien con un guardapolvo dándole a beber un trago que lo alivió en la penumbra de una pequeña farmacia de barrio.La ambulancia policial llegó a los cinco minutos, y lo subieron a una camilla blanda donde pudo tenderse a gusto. Con toda lucidez, pero sabiendo que estaba bajo los efectos de un shock terrible, dio sus señas a la policía que lo acompañaba. El brazo casi no le dolía; de una cortadura en la ceja goteaba sangre por toda la cara. Una o dos veces se lamió los labios para beberla. Se sentía bien, era un accidente, mala suerte; unas semanas quieto y nada más. El vigilante le dijo que la motocicleta no parecía muy estropeada. ''Natural'', dijo él. ''Como que me la ligué encima...''. Los dos se rieron, y el vigilante le dio la mano al llegar al hospital y le deseó buena suerte. Ya la náusea volvió poco a poco; mientras lo llevaban en una camilla de ruedas hasta un pabellón del fondo, pasando bajo árboles llenos de pájaros cerró los ojos y deseo estar dormido o cloroformado. Pero lo tuvieron largo rato en una pieza con olor a hospital, llenando una ficha, quitándole la ropa y vistiéndolo con una camisa grisácea y dura. Le movían cuidadosamente el brazo, sin que le doliera. Las enfermeras bromeaban todo el tiempo, y si no hubiera sido por las contracciones del estómago se habría sentido muy bien, casi contento.Lo llevaron a la sala de radio, y veinte minutos después, con la placa todavía húmeda puesta en el pecho, como una lápida negra, pasó a la sala de operaciones. Alguien de blanco, alto y delgado, se le acercó y se puso a mirar la radiografía. Manos de mujer le acomodaban la cabeza, sintió que lo pasaban de una camilla a otra. El hombre de blanco se le acercó otra vez, sonriendo, con algo que le brillaba en la mano derecha. Le palmeó la mejilla e hizo una seña a alguien parado atrás.Como sueño era curioso, porque estaba lleno de olores y él nunca soñaba olores. Primero un olor a pantano, ya que a la izquierda de la calzada empezaban las marismas, los tembladerales de donde no volvía nadie. Pero el olor cesó, y, en cambio, vino una fragancia compuesta y oscura como la noche en que se movía huyendo de los aztecas. Y todo era tan natural, tenía que huir de los aztecas que andaban a caza de hombre, y su única probabilidad era la de esconderse en lo más denso de la selva, cuidando de no apartarse de la estrecha calzada que sólo ellos, los motecas, conocían.Lo que más lo torturaba era el olor, como si aun en la absoluta aceptación del sueño algo se rebelara contra eso que no era habitual, que hasta entonces no había participado del juego. ''Huele a guerra'', pensó, tocando instintivamente el puñal de piedra atravesado en su ceñidor de la lana tejida. Un sonido inesperado lo hizo agacharse y quedar inmóvil, temblando. Tener miedo no era extraño, en sus sueños abundaba el miedo. Esperó, tapado por las ramas de un arbusto y la noche sin estrellas. Muy lejos, probablemente del otro lado del gran lago, debían estar ardiendo fuegos de vivac; un resplandor rojizo teñía esa parte del cielo. El sonido no se repitió. Había sido como una rama quebrada. Tal vez un animal que escapaba como él del olor de la guerra. Se enderezó despacio, venteando. No se oía nada, pero el miedo seguía allí como el olor, ese incienso dulzón de la guerra florida. Había que seguir, llegar al corazón de la selva evitando las ciénagas. A tientas, agachándose a cada instante para tocar el suelo más duro de la calzada, dio algunos pasos. Hubiera querido echar a correr, pero los tembladerales palpitaban a su lado. En el sendero en tinieblas, buscó el rumbo. Entonces sintió una bocanada horrible del olor que más temía, y saltó desesperado hacia adelante.-Se va a caer de la cama - dijo el enfermo del lado-. No brinque tanto, amigazo.Abrió los ojos y era de tarde, con el sol ya bajo en los ventanales de la larga sala. Mientras trataba de sonreír a su vecino, se despegó casi físicamente de la última visión de la pesadilla. El brazo, enyesado, colgaba de un aparato con pesas y poleas. Sintió sed, como si hubiera estado corriendo kilómetros, pero no querían darle mucha agua, apenas para mojarse los labios y hacer un buche. La fiebre lo iba ganando despacio y hubiera podido dormirse otra vez, pero saboreaba el placer de quedarse despierto, entornados los ojos, escuchando el diálogo de los otros enfermos, respondiendo de cuando en cuando a alguna pregunta. Vio llegar un carrito blanco que pusieron al lado de su cama, una enfermera rubia le frotó con alcohol la cara anterior del muslo, y le clavó una gruesa aguja conectada con un tubo que subía hasta un frasco lleno de líquido opalino. Un médico joven vino con un aparato de metal y cuero que le ajustó al brazo sano para verificar alguna cosa. Caía la noche, y la fiebre lo iba arrastrando blandamente a un estado donde las cosas tenían un relieve como de gemelos de teatro, eran reales y dulces y a la vez ligeramente repugnantes, como estar viendo una película aburrida y pensar que, sin embargo, en la calle es peor, y quedarse.Vino una taza de maravilloso caldo de oro oliendo a puerro, a apio, a perejil. Un trocito de pan, más precioso que todo un banquete, se fue desmigajando poco a poco. El brazo no le dolía nada y solamente en la ceja, donde lo habían suturado, chirriaba a veces una punzada caliente y rápida. Cuando los ventanales de enfrente viraron a manchas de un azul oscuro, pensó que no le iba a ser difícil dormirse. Un poco incómodo, de espaldas, pero al pasarse la lengua por los labios resecos y calientes sintió el sabor del caldo, y suspiró de felicidad, abandonándose.Primero fue una confusión, un atraer hacia sí todas las sensaciones por un instante embotadas o confundidas. Comprendía que estaba corriendo en plena oscuridad, aunque arriba del cielo cruzado de copas de árboles era menos negro que el resto. ''La calzada'', pensó. ''Me salí de la calzada.'' Sus pies se hundían en un colchón de hojas y barro, y ya no podía dar un paso sin que las ramas de los arbustos le azotaran el torso y las piernas. Jadeante, sabiéndose acorralado a pesar de la oscuridad y el silencio, se agachó para escuchar. Tal vez la calzada estaba cerca, con la primera luz del día iba a verla otra vez. Nada podía ayudarlo a encontrarla. La mano, que sin saberlo él aferraba el mango del puñal, subió como un escorpión de los pantanos hasta su cuello, donde colgaba el amuleto protector. Moviendo apenas los labios musitó una plegaria del maíz que trae las lunas felices, y la súplica a la Muy Alta, a la dispensadora de los bienes motecas. Pero sentía al mismo tiempo que los tobillos se le estaban hundiendo despacio en el barro, y la espera en la oscuridad del chaparral desconocido se le hacía insoportable. La guerra florida había empezado con la luna y llevaba ya tres días y tres noches. Si conseguía refugiarse en lo profundo de la selva, abandonando la calzada más allá de la región de las ciénagas, quizá los guerreros no le siguieran el rastro. Pensó en los muchos prisioneros que ya habrían hecho. Pero la cantidad no contaba, sino el tiempo sagrado. La caza continuaría hasta que los sacerdotes dieran la señal del regreso. Todo tenía su número y su fin, y él estaba dentro del tiempo sagrado, del otro lado de los cazadores.Oyó los gritos y se enderezó de un salto, puñal en mano. Como si el cielo se incendiara en el horizonte, vio antorchas moviéndose entre las ramas, muy cerca. El olor a guerra era insoportable, y cuando el primer enemigo le saltó al cuello casi sintió placer en hundirle la hoja de piedra en pleno pecho. Ya lo rodeaban las luces, los gritos alegres. Alcanzó a cortar el aire una o dos veces, y entonces una soga lo atrapó desde atrás.-Es la fiebre-dijo el de la cama de al lado-. A mí me pasaba igual cuando me operé del duodeno. Tome agua y va a ver que duerme bien.Al lado de la noche de donde volvía la penumbra tibia de la sala le pareció deliciosa. Una lámpara violeta velaba en lo alto de la pared del fondo, como un ojo protector. Se oía toser, respirar fuerte, a veces un diálogo en voz baja. Todo era grato y seguro, sin ese acoso, sin... Pero no quería seguir pensando en la pesadilla. Había tantas cosas en qué entretenerse. Se puso a mirar el yeso del brazo, las poleas que tan cómodamente se lo sostenían en el aire. Le habían puesto una botella de agua mineral en la mesa de noche. Bebió del gollete, golosamente. Distinguía ahora las formas de la sala, las treinta camas, los armarios con vitrinas. Ya no debía tener tanta fiebre, sentía fresca la cara. La ceja le dolía apenas, como un recuerdo. Se vio otra vez saliendo del hotel, sacando la moto. ¿Quién hubiera pensado que la cosa iba a acabar así? Trataba de fijar el momento del accidente, y le dio rabia advertir que había ahí como un hueco, un vacío que no alcanzaba a rellenar. Entre el choque y el momento en que lo habían levantado del suelo, un desmayo o lo que fuera no le dejaba ver nada. Y al mismo tiempo tenía la sensación de que ese hueco, esa nada, había durado una eternidad. No, ni siquiera tiempo, más bien como si en ese hueco él hubiera pasado a través de algo o recorrido distancias inmensas. El choque, el golpe brutal contra el pavimento. De todas maneras al salir del pozo negro había sentido casi un alivio mientras los hombres lo alzaban de suelo. Con el dolor del brazo roto, la sangre de la ceja partida, la contusión en la rodilla; con todo eso, un alivio al volver al día y sentirse sostenido y auxiliado. Y era raro. Le preguntaría alguna vez al médico de la oficina. Ahora volvía a ganarlo el sueño, a tirarlo despacio hacia bajo. La almohada era tan blanda, y en su garganta afiebrada la frescura del agua mineral. Quizás pudiera descansar de veras, sin las malditas pesadillas. La luz violeta de la lámpara en lo alto se iba apagando poco a poco.Como dormía de espaldas, no lo sorprendió la posición en que volvía a reconocerse, pero en cambio el olor a humedad, a piedra rezumante de filtraciones, le cerró la garganta y lo obligó a comprender. Inútil abrir los ojos y mirar en todas direcciones; lo envolvía una oscuridad absoluta. Quiso enderezarse y sintió las sogas en las muñecas y los tobillos. Estaba estaqueado en el suelo, en un piso de lajas helado y húmedo. El frío le ganaba la espalda desnuda, las piernas. Con el mentón buscó torpemente el contacto con su amuleto, y supo que se lo habían arrancado. Ahora estaba perdido, ninguna plegaria podía salvarlo del final. Lejanamente, como filtrándose entre las piedras del calabozo, oyó los atabales de la fiesta. Lo habían traído al teocalli, estaba en las mazmorras del templo a la espera de su turno.Oyó gritar, un grito ronco que rebotaba en las paredes. Otro grito acabando en un quejido. Era él que gritaba en las tinieblas, gritaba porque estaba vivo, todo su cuerpo se defendía con el grito de lo que iba a venir, del final inevitable. Pensó en sus compañeros que llenarían otras mazmorras, y en los que ascendían ya los peldaños del sacrificio. Gritó de nuevo sofocadamente, casi no podía abrir la boca, tenía las mandíbulas agarrotadas y a la vez como si fueran de goma y se abrieran lentamente, con un esfuerzo interminable. El chirriar de los cerrojos lo sacudió como un látigo. Convulso, retorciéndose, luchó por zafarse de las cuerdas que se le hundían en la carne. Su brazo derecho, el más fuerte, tiraba hasta que el dolor se hizo intolerable y tuvo que ceder. Vio abrirse la doble puerta, y el olor de las antorchas le llegó antes que la luz. Apenas ceñidos con el taparrabos de la ceremonia, los acólitos de los sacerdotes se le acercaron mirándolo con desprecio. Las luces se reflejaban en los torsos sudados, en el pelo negro lleno de plumas.Cedieron las sogas, y en su lugar lo aferraron manos calientes, duras como bronce; se sintió alzado, siempre boca arriba, tironeado por los cuatro acólitos que lo llevaban por el pasadizo. Los portadores de antorchas iban adelante, alumbrando vagamente el corredor de paredes mojadas y techo tan bajo que los acólitos debían agachar la cabeza. Ahora lo llevaban, lo llevaban, era el final. Boca arriba, a un metro del techo de roca viva que por momentos se iluminaba con un reflejo de antorcha. Cuando en vez del techo nacieran las estrellas y se alzara frente a él la escalinata incendiada de gritos y danzas, sería el fin. El pasadizo no acababa nunca, pero ya iba a acabar, de repente olería el aire libre lleno de estrellas, pero todavía no, andaban llevándolo sin fin en la penumbra roja, tironeándolo brutalmente y él no quería, pero cómo impedirlo si le habían arrancado el amuleto que era su verdadero corazón, el centro de la vida.Salió de un brinco a la noche del hospital, al alto cielo raso dulce, a la sombra blanda que lo rodeaba. Pensó que debía haber gritado, pero sus vecinos dormían callados. En la mesa de noche, la botella de agua tenía algo de burbuja, de imagen translúcida contra la sombra azulada de los ventanales. Jadeó, buscando el alivio de los pulmones, el olvido de esas imágenes que seguían pegadas a sus párpados. Cada vez que cerraba los ojos las veía formarse instantáneamente y se enderezaba aterrado pero gozando a la vez del saber que ahora estaba despierto, que la vigilia lo protegía, que pronto iba a amanecer, con el buen sueño profundo que se tiene a esa hora, sin imágenes, sin nada... Le costaba mantener los ojos abiertos, la modorra era más fuerte que él. Hizo un último esfuerzo, con la mano sana esbozó un gesto hacia la botella de agua; no llegó a tomarla, sus dedos se cerraron en un vació otra vez negro, y el pasadizo seguía interminable, roca tras roca, con súbitas fulguraciones rojizas, y él boca arriba gimió apagadamente por que el techo iba a acabarse, subía abriéndose como una boca de sombra, y los acólitos se enderezaban y de la altura una luna menguante le cayó en la cara donde los ojos no querían verla, desesperadamente se cerraban y abrían buscando pasar al otro lado, descubrir de nuevo el cielo raso protector de la sala. Y cada vez que se abrían era la noche y la luna mientras lo subían por la escalinata, ahora con la cabeza colgando hacia abajo, y en lo alto estaban las hogueras, las rojas columnas de humo perfumado, y de golpe vio la piedra roja, brillante de sangre que chorreaba, y el vaivén de los pies del sacrificado que arrastraban para tirarlo rodando por las escalinatas del norte. Con una última esperanza apretó los párpados, gimiendo por despertar. Durante un segundo creyó que lo lograría, porque otra vez estaba inmóvil en la cama, a salvo del balanceo cabeza abajo. Pero olía a muerte, y cuando abrió los ojos vio la figura ensangrentada del sacrificador que venía hacia él con el cuchillo de piedra en la mano. Alcanzó a cerrar otra vez los párpados aunque ahora sabía que no iba a despertarse, que estaba despierto, que el sueño maravilloso había sido el otro, absurdo como todos los sueños; un sueño en el que había andado por extrañas avenidas de una ciudad, asombrosa, con luces verdes y rojas que ardían sin llama ni humo, con un enorme insecto de metal que zumbaba bajo sus piernas. En la mentira infinita de ese sueño también lo habían alzado del suelo, también alguien se le había acercado con un cuchillo en la mano, a él tendido boca arriba, a él boca arriba con los ojos cerrados entre las hogueras.
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Información para 1° 10° EEM N°3 Turno Mañana


Información para los alumnos de 1° 10° EEM N° 3. Según lo que se explicó hoy en clase, el material tienen que buscarlo en las ETIQUETAS, ahí encontrarán el material y la guía de análisis que deben realizar y entregar dentro de quince días. Recuerden que la semana entrante no se suspenden las clases por los exámenes previos, sólo no concurrirán los profesores que estén afectados a las mesas.
Cualquier otra información, preguntar en la Dirección de la Escuela.
Por cualquier consulta durante la semana pueden enviarme un correo electrónico.
Profe. Sara

2 de agosto de 2009

Cuento para recordar : Historia de dos cachorros de coatí y de dos cachorros de hombre por Horacio Quiroga



Había una vez un coatí que tenía tres hijos. Vivían en el monte comiendo frutas, raíces y huevos de pajaritos. Cuando estaban arriba de los árboles y sentían un gran ruido, se tiraban al suela de cabeza y salían corriendo con la cola levantada.
Una vez que los coaticitos fueron un poco grandes, su madre los reunió un día arriba de un naranjo y les habló así:
—Coaticitos: ustedes son bastante grandes para buscarse la comida solos. Deben aprenderlo, porque cuando sean viejos andarán siempre solos, como todos los coatís. El mayor de ustedes, que es muy amigo de cazar cascarudos, puede encontrarlos entre los palos podridos, porque allí hay muchos cascarudos y cucarachas. El segundo, que es gran comedor de frutas, puede encontrarlas en este naranjal; hasta diciembre habrá naranjas. El tercero, que no quiere comer sino huevos de pájaros, puede ir a todas partes, porque en todas partes hay nidos de pájaros. Pero que no vaya nunca a buscar nidos al campo, porque es peligroso.
"Coaticitos hay una sola cosa a la cual deben tener gran miedo. Son los perros. Yo peleé una vez con ellos, y sé lo que les digo; por eso tengo un diente roto. Detrás de los perros vienen siempre los hombres con un gran ruido, que mata. Cuando oigan cerca este ruido, tírense de cabeza al suelo, por alto que sea el árbol. Si no lo hacen así, los matarán con seguridad de un tiro".
Así habló la madre. Todos se bajaron entonces y se separaron, caminando de derecha a izquierda y de izquierda a derecha, como si hubieran perdido algo, porque así caminan los coatís.
El mayor, que quería comer cascarudos, buscó entre los palos podridos y las hojas de los yuyos, y encontró tantos, que comió hasta quedarse dormido. El segundo, que prefería las frutas a cualquier cosa, comió cuantas naranjas quiso, porque aquel naranjal estaba dentro del monte, como pasa en el Paraguay y Misiones, y ningún hombre vino a incomodarlo. El tercero, que era loco por los huevos de pájaros, tuvo que andar todo el día para encontrar únicamente dos nidos; uno de tucán, que tenía tres huevos, y uno de tórtolas, que tenia sólo dos. Total, cinco huevos chiquitos, que era muy poca comida; de modo que al caer la tarde el coaticito tenia tanta hambre como de mañana, y se sentó muy triste a la orilla del monte. Desde allí veía el campo, y pensó en la recomendación de su madre.
—¿Por qué no querrá mamá —se dijo— que vaya a buscar nidos en el campo?
Estaba pensando así cuando oyó, muy lejos, el canto de un pájaro. .
—¡Qué canto tan fuerte! —dijo admirado—. ¡qué huevos tan grandes debe tener ese pájaro!
El canto se repitió. Y entonces el coatí se puso a correr por entre el monte, cortando camino, porque el canto había sonado muy a su derecha. El sol caía ya, pero el coatí volaba con la cola levantada. Llegó a la orilla del monte, por fin, y miró al campo. Lejos vio la casa de los hombres, y vio a un hombre con botas que llevaba un caballo de la soga. Vio también un pájaro muy grande que cantaba y entonces el coaticito se golpeó la frente y dijo:
—¡Qué zonzo soy! Ahora ya sé qué pájaro es ése. Es un gallo; mamá me lo mostró un día de arriba de un árbol. Los gallos tienen un canto lindísimo, y tienen muchas gallinas que ponen huevos. ¡Si yo pudiera comer huevos de gallina!...
Es sabido que nada gusta tanto a los bichos chicos de monte como los huevos de gallina. Durante un rato el coaticito se acordó de la recomendación de su madre. Pero el deseo pudo más, y se sentó a la orilla del monte, esperando que cerrara bien la noche para ir al gallinero.
La noche cerró por fin, y entonces, en puntas de pie y paso a paso, se encaminó a la casa. Llegó allá y escuchó atentamente: no se sentía el menor ruido. El coaticito, loco de alegría porque iba a comer cien, mil, dos mil huevos de gallina, entró en el gallinero, y lo primero que vio bien en la entrada fue un huevo que estaba solo en el suelo. Pensó un instante en dejarlo para el final, como postre, porque era un huevo muy grande, pero la boca se le hizo agua, y clavó los dientes en el huevo.
Apenas lo mordió, ¡TRAC!, un terrible golpe en la cara y un inmenso dolor en el hocico.
—¡Mamá, mamá! —gritó, loco de dolor, saltando a todos lados. Pero estaba sujeto, y en ese momento oyó el ronco ladrido de un perro.
Mientras el coatí esperaba en la orilla del monte que cerrara bien la noche para ir al gallinero, el hombre de la casa jugaban sobre la gramilla con sus hijos, dos criaturas rubias de cinco y seis años, que corrían riendo, se caían, se levantaban riendo otra vez, y volvían a caerse. El padre se caía también, con gran alegría de los chicos. Dejaron por fin de jugar porque ya era de noche, y el hombre dijo entonces:
—Voy a poner la trampa para cazar a la comadreja que viene a matar los pollos y robar los huevos.
Y fue y armó la trampa. Después comieron y se acostaron. Pero las criaturas no tenían sueño, y saltaban de la cama del uno a la del otro y se enredaban en el camisón. El padre, que leía en el comedor, los dejaba hacer. Pero los chicos de repente se detuvieron en sus saltos y gritaron:
—¡Papá! ¡Ha caído la comadreja en la trampa! ¡Tuké esta ladrando! ¡Nosotros también queremos ir, papá!
El padre consintió, pero no sin que las criaturas se pusieran las sandalias, pues nunca los dejaba andar descalzos de noche, por temor a las víboras.
Fueron. ¿Qué vieron allí? Vieron a su padre que se agachaba, teniendo al perro con una mano, mientras con la otra levantaba por la cola a un coatí, un coaticito chico aún, que gritaba con un chillido rapidísimo y estridente, como un grillo.
—¡Papá, no lo mates! —dijeron las criaturas—. ¡Es muy chiquito! ¡Dánoslo para nosotros!
—Bueno, se los voy a dar —respondió el padre—. Pero cuídenlo bien, y sobre todo no se olviden de que los coatís toman agua como ustedes.
Esto lo decía porque los chicos habían tenido una vez un gatito montés al cual a cada rato le llevaban carne, que sacaban de la fiambrera pero nunca le dieron agua, y se murió.
En consecuencia, pusieron al coatí en la misma jaula del gato montés, que estaba cerca del gallinero, y se acostaron todos otra vez.
Y cuando era más de medianoche y había un gran silencio, el coaticito, que sufría mucho por los dientes de la trampa, vio, a la luz de la luna, tres sombras que se acercaban con gran sigilo. El corazón le dio un vuelco al pobre coaticito al reconocer a su madre y sus dos hermanos que lo estaban buscando.
—¡Mamá, mamá! —murmuró el prisionero en voz muy baja para no hacer ruido—. ¡Estoy aquí! ¡Sáquenme de aquí! ¡No quiero quedarme, ma... má! —y lloraba desconsolado.
Pero a pesar de todo estaban contentos porque se habían encontrado, y se hacían mil caricias en el hocico.
Se trató en seguida de hacer salir al prisionero. Probaron primero cortar el alambre tejido, y los cuatro se pusieron a trabajar con los dientes; mas no conseguían nada. Entonces a la madre se le ocurrió de repente una idea, y dijo:
—¡Vamos a buscar las herramientas del hombre! Los hombres tienen herramientas para cortar fierro. Se llaman limas. Tienen tres lados como las víboras de cascabel. Se empuja y se retira. ¡Vamos a buscarla!
Fueron al taller del hombre y volvieron con la lima. Creyendo que uno solo no tendría fuerzas bastantes, sujetaron la lima entre los tres y empezaron el trabajo. Y se entusiasmaron tanto, que al rato la jaula entera temblaba con las sacudidas y hacía un terrible ruido. Tal ruido hacía, que el perro se despertó, lanzando un ronco ladrido. Mas los coatís no esperaron a que el perro les pidiera cuenta de ese escándalo y dispararon al monte, dejando la lima tirada.
Al día siguiente, los chicos fueron temprano a ver a su nuevo huésped, que estaba muy triste.
—¿Qué nombre le pondremos? —preguntó la nena a su hermano.
—¡Ya sé! —respondió el varoncito—. ¡Le pondremos Diecisiete!
¿Por qué Diecisiete? Nunca hubo bicho del monte con nombre más raro. Pero el varoncito estaba aprendiendo a contar, y tal vez le había llamado la atención aquel número.
El caso es que se llamó Diecisiete. Le dieron pan, uvas, chocolate, carne, langostas, huevos, riquísimos huevos de gallina, lograron que en un solo día se dejara rascar la cabeza; y tan grande es la sinceridad del cariño de las criaturas, que, al llegar la noche, el coatí estaba casi resignado con su cautiverio. Pensaba a cada momento en las cosas ricas que había para comer allí, y pensaba en aquellos rubios cachorritos de hombre que tan alegres y buenos eran.
Durante dos noches seguidas, el perro durmió tan cerca de la jaula, que la familia del prisionero no se atrevió a acercarse, con gran sentimiento. Cuando a la tercera noche llegaron de nuevo a buscar la lima para dar libertad al coaticito, éste les dijo:
—Mamá: yo no quiero irme más de aquí. Me dan huevos y son muy buenos conmigo. Hoy me dijeron que si me portaba bien me iban a dejar suelto muy pronto. son como nosotros son cachorritos también, y jugamos juntos.
Los coatís salvajes quedaron muy tristes, pero se resignaron, prometiendo al coaticito venir todas las noches a visitarlo.
Efectivamente, todas las noches, lloviera o no, su madre y sus hermanos iban a pasar un rato con él. El coaticito les daba pan por entre el tejido de alambre, y los coatís salvajes se sentaban a comer frente a la jaula.
Al cabo de quince días, el coaticito andaba suelto y él mismo se iba de noche a su jaula. Salvo algunos tirones de orejas que se llevaba por andar muy cerca del gallinero, todo marchaba bien. Él y las criaturas se querían mucho, y los mismos coatís salvajes, al ver lo buenos que eran aquellos cachorritos de hombre, habían concluido por tomar cariño a las dos criaturas.
Hasta que una noche muy oscura, en que hacía mucho calor y tronaba, los coatís salvajes llamaron al coaticito y nadie les respondió. Se acercaron muy inquietos y vieron entonces, en el momento en que casi la pisaban, una enorme víbora que estaba enroscada en la entrada de la jaula. Los coatís comprendieron en seguida que el coaticito había sido mordido al entrar, y no había respondido a su llamado porque acaso estaba ya muerto. Pero lo iban a vengar bien. En un segundo, entre los tres, enloquecieron a la serpiente de cascabel, saltando de aquí para allá, y en otro segundo, cayeron sobre ella, deshaciéndole la cabeza a mordiscones.
Corrieron entonces adentro, y allí estaba en efecto el coaticito, tendido, hinchado, con las patas temblando y muriéndose. En balde los coatís salvajes lo movieron; lo lamieron en balde por todo el cuerpo durante un cuarto de hora. El coaticito abrió por fin la boca y dejó de respirar, porque estaba muerto.
Los coatís son casi refractarios como se dice, al veneno de las víboras. No les hace casi nada el veneno, y hay otros animales, como la mangosta que resisten muy bien el veneno de las víboras. Con toda seguridad el coaticito había sido mordido en una arteria o una vena porque entonces la sangre se envenena en seguida, y el animal muere. Esto le había pasado al coaticito.
Al verlo así, su madre y sus hermanos lloraron un largo rato. Después, como nada más tenían que hacer allí, salieron de la jaula, se dieron vuelta para mirar por última vez la casa donde tan feliz había sido el coaticito, y se fueron otra vez al monte.
Pero los tres coatís, sin embargo, iban muy preocupados, y su preocupación era ésta: ¿qué iban a decir los chicos, cuando, al día siguiente, vieran muerto a su querido coaticito? Los chicos le querían muchísimo, y ellos, los coatís, querían también a los cachorritos rubios. Así es que los tres coatís tenían el mismo pensamiento, y era evitarles ese gran dolor a los chicos.
Hablaron un largo rato y al fin decidieron lo siguiente: el segundo de los coatís, que se parecía muchísimo al menor en cuerpo y en modo de ser, iba a quedarse en la jaula en vez del difunto. Como estaban enterados de muchos secretos de la casa, por los cuentos del coaticito, los chicos no desconocerían nada; extrañarían un poco algunas cosas, pero nada más.
Y así pasó en efecto. Volvieron a la casa, y un nuevo coaticito , reemplazó al primero, mientras la madre y el otro hermano se llevaban sujetos a los dientes el cadáver del menor. Lo llevaron despacio al monte, y la cabeza colgaba, balanceándose, y la cola iba arrastrando por el suelo.
Al día siguiente los chicos extrañaron, efectivamente, algunas costumbres raras del coaticito. Pero como éste era tan bueno y cariñoso como el otro, las criaturas no tuvieron la menor sospecha. Formaron la misma familia de cachorritos de antes, y, como antes, los coatís salvajes venían noche a noche a visitar al coaticito civilizado, y se sentaban a su lado a comer pedacitos de huevos duros que él les guardaba, mientras ellos le contaban la vida de la selva.

Después de mi viaje a Cataratas, me pareció un buen momento para recordar a uno de los mejores cuentistas Horacio Quiroga y sus historias en la selva misionera.

¡Disfrútenlo!

Exámenes. Información


Después de unos días de descanso, por el receso escolar volvemos mañana a las aulas. Esto es una breve información para los alumnos que deben materias previas de Lengua y Literatura. Presentarse a las mesas con el programa y con materiales necesarios para realizar el escrito y por favor lean los cuentos y novelas , ya que los mismos serán evaluados en la instancia oral.

Presentarse con D.N.I . en todos los casos. Recuerden que las mesas de previos se pasaron para la semana siguiente.

24 de julio de 2009

Reflexiones: "Grietas"


Una joven tenía dos grandes vasijas
que colgaba a los extremos de un palo
y que llevaba encima de los hombros.
Una de las vasijas tenía varias grietas,
mientras que la otra era perfecta
y conservaba toda el agua al final
del largo camino a pie desde el arroyo
hasta la casa de su patrón,
pero cuando llegaba, la vasija rota
solo tenía la mitad del agua.

Durante dos años completos
esto fue así diariamente,
desde luego la vasija perfecta
estaba muy orgullosa de sus logros,
pues se sabía perfecta para
los fines para los que fue creada.
Pero la pobre vasija agrietada
estaba muy avergonzada
de su propia imperfección
y se sentía miserable porque
solo podía hacer la mitad
de todo lo que se suponía
que era su obligación.

Después de dos años,
la tinaja quebrada le habló a la joven, diciéndole:

"Estoy avergonzada y me quiero disculpar contigo
porque debido a mis grietas solo puedes entregar
la mitad de mi carga y solo obtienes
la mitad del valor que deberías recibir."

La joven, le dijo compasivamente:

"Cuando regresemos a la casa
quiero que notes las bellísimas flores
que crecen a lo largo del camino."

Así lo hizo la tinaja. Y en efecto
vio muchísimas flores hermosas a lo largo,
pero de todos modos se sentía apenada
porque al final, solo quedaba dentro
de si la mitad del agua que debía llevar.

La joven le dijo entonces
" Te diste cuenta de que las flores
solo crecen en tu lado del camino?
Siempre he sabido de tus grietas
y quise sacar el lado positivo de ello.
Sembré semillas de flores
a todo lo largo de camino
por donde vas y todos los días
las has regado y por dos años
yo he podido recoger
estas flores para decorar
el altar de mi Maestro.
Si no fueras exactamente
tal y como eres,
con todo y tus defectos,
no hubiera sido posible
crear esta belleza."

Cada uno de nosotros
tiene sus propias grietas.
Todos somos vasijas agrietadas,
pero debemos saber que siempre
existe la posibilidad
de aprovechar las grietas
para obtener buenos resultados.

Modelo de Evaluación para 3° año




Aquí les dejo un modelo de la evaluación que se tomará a los alumnos de 3° EET 2.
Espero que tomen en cuenta que los contenidos son los que se dieron en clase.

23 de julio de 2009

Trabajos de los alumnos



Estas son los libros creados por mis alumnos, los mismos contienen producciones realizadas siguiendo la obra escrita por Cervantes.
¡Felicitaciones a todos!

Barroco. Apunte 2° año

El término barroco se formó por cruce de dos palabras: la portuguesa barroco (perla irregular) y la italiana barocco (razonamiento retorcido). La cultura barroca es consecuencia de: decadencia, crisis, malestar, tensiones religiosas.
Una palabra clave de esa cultura es el desengaño. Ello significa el derrumbamiento del idealismo renacentista, con su amor a la vida y su visión armónica del mundo. Ahora dominará una concepción negativa del mundo y de a vida.
El mundo carece de valor: es caótico, y está lleno de dolor y de peligros;
la vida es inconsistente: es "una sombra, una ficción"; vivimos engañados porque hay un divorcio entre la apariencia y la realidad de las cosas; la vida es breve, fugaz: todo cambia y se nos escape; el tiempo pasa destruyéndolo todo y destruyéndonos: vivir es ir muriendo.
En la religión, la citada actitud ascética predicaba apartarse del mundo y poner los ojos en la otra vida.
El Barroco.

Teatro Barroco: características
El Barroco, además de un periodo de la historia del arte, fue un movimiento cultural que se extendió en la literatura, la escultura, la pintura, la arquitectura, la danza y la música desde 1600 hasta 1750 aproximadamente.El estilo barroco surgió a principios del siglo XVII y de Italia se irradió hacia la mayor parte de Europa. Durante mucho tiempo (siglos XVIII y XIX), el término barroco tuvo un sentido peyorativo -sinónimo de recargado-, desmesurado e irracional, hasta que, posteriormente, fue revalorizado a fines del siglo XIX por Jacob Burckhardt y luego por Benedetto Croce y Eugenio D'Ors.El Barroco, además de un periodo de la historia del arte, fue un movimiento cultural que se extendió en la literatura, la escultura, la pintura, la arquitectura, la danza y la música desde 1600 hasta 1750 aproximadamente.El rasgo que suele definir, en forma más acertada, al movimiento Barroco es la lucha de contrarios. La oposición de elementos genera una tensión en la obra que la aleja totalmente de la armonía y del equilibrio renacentista. No es casual que el juego de opuestos constituya un rasgo casi definitorio pues refleja las inquietudes existenciales por las que atravesaba el hombre del siglo XVII.Los contrastes más utilizados en las obras barrocas son:
1. vida-muerte;
2. humano-divino,
3. sueño-realidad;
4. ilusión-desengaño;
5. luz-sombra (en términos teóricos);
6. verdad-mentira,
7. eternidad-temporalidad,
8. valentía-cobardía,
9. espiritualidad-materialidad.
El Barroco es también el arte de lo artificial, pues coloca las ideas del arte por encima de la naturaleza que trata de embellecer, contrariamente a la simple imitación renacentista. Este efecto se logra por medio de la estilización, gracias al uso de recursos, como el hipérbaton, metáforas, el color y la abundancia de figuras mitológicas. No obstante, así como, por un lado, se embellece la naturaleza, por el otro, el arte representa también lo feo y lo grotesco (introducido ya con el Manierismo), aspectos relacionados con la visión realista de la vida en la que conviven lo bello y lo monstruoso. Por ejemplo, el pintor Diego Velázquez incluyó, en Las meninas una sirvienta enana junto a la princesa; y Cervantes ubicó, en el Quijote, personajes femeninos muy bonitos junto a otros que sobresalen por su vulgaridad y tosquedad.¿Por qué a una época tan negativa se la conoce con el nombre de Siglo Oro? Algunos estudiosos afirman que toda sociedad que transita por una profunda crisis de valores la canaliza mediante la expresión artística. Así, en el período, surgieron músicos con el talento de Vivaldi; pintores, como José de Ribera, Zurbarán, Diego Velázquez, Rembrandt, Esteban Murillo, Caravaggio; escultores, como Bernini arquitectos, como Pedro de Ribera. Respecto a las Letras, el reinado de Felipe II y, sobre todo, el de Felipe III representaron el momento más brillante de la cultura literaria.En estos tiempos, brillaron las "plumas" de Miguel de Cervantes, Luis de Góngora. Francisco de Quevedo, se representó el mejor teatro de Lope de Vega, famoso desde el reinado de Felipe II, y, como culminación, se vieron las obras de Calderón de la Barca.Todos expresaron continuamente el sentimiento de desengaño, insatisfacción y hastío, que le dio a su arte un evidente tono pesimista. Este tono se observa en el tratamiento del tema de la muerte, del paso irremediable del tiempo y de la angustia de la vida perdida.

El teatro barroco

El teatro era el género más popular de la época. Todos los estratos de la sociedad podían disfrutar de este gran espectáculo que incluía actos previos e intermedios con música, canciones y farsas. Las obras se escribían para ser representadas y recién se imprimían cuando ya se habían "gastado" sobre el escenario.El público, en general, disfrutaba del teatro en los "corrales": teatros armados en los patios entre edificios vecinos. En el fondo, se situaba el escenario con puertas laterales y posteriores, y una o dos galerías para representar escenas en distintas alturas. No había telón, y la escenografía era muy básica y esquemática, de modo que los espacios se creaban por medio de la palabra. Al frente y a los dos costados del escenario, estaban las localidades; las de pie en el patio eran las más baratas; las de las gradas y galerías que lo rodeaban variaban en precio y eran para el público más pudiente.Las funciones se hacían de día, porque no contaban con luz artificial para iluminar todo el corral. Dado el carácter masivo del público, el poeta se veía obligado a escribir para dejar contentos a todos los estratos sociales. Tenía que mantener a todos atentos y a gusto, pues un público aburrido o disgustado podía arruinar la representación.También se representaba en los palacios reales o de nobles importantes. Aquí el público era más homogéneo, formado exclusivamente por reyes, nobles y cortesanos. La re­presentación solía ser más suntuosa.Por último, para la fiesta de Corpus Christi se organizaban, sobre carros en las plazas o en otros espacios públicos, obras de carácter teológico en un acto, llamadas "autos sacramentales".

Características generales

El teatro del Siglo de Oro da más importancia a la acción que a las caracterizaciones psicológicas. Esta acción, a su vez, está subordinada al tema que se quiere tratar: es decir, la trama es como una metáfora o símbolo que vehiculiza el asunto global de la obra. Esto permite que haya una intriga secundaria, además de la principal.

Lope de Vega sentó las bases y pautas del teatro clásico español con el ejemplo de sus numerosas obras y con el Arte nuevo de hacer comedias en este tiempo.


Estas son algunas de sus principales ideas:


1. Dejar de lado a los preceptistas y seguir el gusto del público: el teatro debe acomodarse a los tiempos que corren, tanto en su temática como en su forma, buscando siempre movilizar al espectador.


2. Mezclar lo trágico con lo cómico, imitando la variedad de la naturaleza. De esta manera, los personajes de estilo alto pueden convivir con los de es tilo bajo, pero siempre se debe mantener el lenguaje apropiado para cada uno.


3. Imponer el verso como la norma para el teatro, con variedad de formas métricas y estróficas.


4. Dividir la obra en tres actos, en lugar de los cinco clásicos.


5. Permitir en la obra cambios de espacio y de tiempo.Los personajes: en el teatro de la época, los personajes estánrígidamente codificados y responden a categorías fijas: el galán y la dama: belleza física, virtud y nobleza

El poderoso: el rey o los nobles de la más alta jerarquía

El viejo: función paterna, prudente y graveLa criada y el gracioso: suelen ser lo contrapuesto de la dama y el galán.La figura del gracioso es una gran innovación de la época, porque en él se mezclan lo cómico con lo trágico. En muchas obras, su comicidad es amarga, ya que aparece como portavoz de una verdad que no todos quieren oír. En las tragedias, se muestra como el único agente cómico, pero, en las obras cómicas, la comicidad se reparte entre varios personajes.

Fuente: http://elblogdemara5.blogspot.com/

22 de julio de 2009

Para el correcto uso de los signos de puntuación

Espero que el video les sea de mucha utilidad¡¡

Reglas de Acentuación


Un video explicativo con las reglas de acentuación para tener en cuenta cuando realizan los trabajos.

Ejercitación de Ortografía

Aquí les dejo actividades de ortografía para ejercitar.


Recordatorio

Para los alumnos de 2° D, los trabajos que tienen que realizar están en este blog. Leer las etiquetas.

21 de julio de 2009

Libros Interactivos Multimedia: Textos argumentativos


Un recurso muy interesante para tener en cuenta es: http://www.tinglado.net/tic/manuel/textosargumentativos/textosargumentativos.html

Tipología Textual


origen de la imagen: http://literaturaylengua.com/
Un buen recurso para trabajar tipología textual es: http://centros5.pntic.mec.es/cpr.de.ciudad.real/lengua/Tiptextos.htm
Espero que les sea de mucha utilidad, allí encontrarán un cuadro completo con la explicación de cada tipología.

20 de julio de 2009

Análisis del cuento "El Fin" de Jorge Luis Borges para 3° Adultos y trabajo práctico


Análisis de El fin de Jorge Luis Borges

Dice Borges sobre el cuento “El fin”:"Todo lo que hay en él está implícito en un libro famoso y yo he sido el primero en desentrañarlo"-; con esta narración, Borges agrega "un canto" a la segunda parte de Martín Fierro, de José Hernández.La intervención del protagonista de este gran poema concluye así: Martín Fierro se separa de sus hijos y del hijo de Cruz, ("Después, a los cuatro vientos / los cuatro se dirigieron".)pero Borges lo hace regresar a la pulpería donde había llevado a cabo la payada con el moreno, "un pobre guitarrero", y donde los presentes habían procurado "que no se armara pendencia".De todas maneras, en el poema hernandiano Martín Fierro no quiere pelear -"Yo ya no busco peleas, / las contiendas no me gustan; / pero ni sombras me asustan / ni bultos que se menean"-, pero hace alarde de su valentía, es decir, sabe defenderse si lo provocan. Estos versos constituyen ya una clave para comprender el desenlace del cuento borgeano. Además, su título -"El fin"- responde a una de las estrofas del poema (La vuelta de Martín Fíerro, canto XXX, vs. 4481-4486):Yo no sé lo que vendrá /tampoco soy adivino;/pero firme en mi camino/hasta el fin he de seguir: /todos tienen que cumplir /con la ley de su destino.El tema de "El fin" es el encuentro del hombre con su destino inexorable.El moreno es vencido en la célebre payada, pero continúa en la pulpería como a la espera de "alguien". Ese "alguien" es Martín Fierro, quien hace siete años ha matado a su hermano (Canto VII de Martín Fierro). El pulpero Recabarren había presenciado el primer contrapunto entre "el forastero" y el moreno. "Ahora" asiste, desde su lecho, inmóvil por la parálisis, al segundo, el de la vida contra la muerte. Ve llegar a un jinete, pero no puede identificarlo:Recabarren vio el chambergo, el largo poncho oscuro, el caballo moro, pero no la cara del hombre, que, por fin, sujetó el galope y vino acercándose al trotecito. A unas doscientas varas dobló. Recabarren no lo vio más, pero lo oyó chistar, apearse, atar el caballo al palenque y entrar con paso firme en la pulpería.El moreno recibe complacido a Fierro. Este trata de justificar su actitud pacífica al finalizar aquella payada que los unió:-Más de siete años pasé yo sin ver a mis hijos. Los encontré ese día y no quise mostrarme como un hombre que anda a las puñaladas.- Ya me hice cargo -dijo el negro-. Espero que los dejó con salud.El destino le pone otra vez "el cuchillo" en la mano e inexorablemente debe cumplir con él. Se alejan "un trecho" de las casas y se preparan para el duelo:-Una cosa quiero pedirle antes que nos trabemos. Que en este encuentro ponga todo su coraje y toda su maña, como en aquel otro de hace siete años, cuando mató a mi hermano.Sólo Recabarren presencia los hechos, a través de la ventana de su rancho; sólo él ve "el fin", la muerte de Martín Fierro:Inmóvil, el negro parecía vigilar su agonía laboriosa. Limpió el facón ensangrentado en el pasto y volvió a las casas con lentitud, sin mirar para atrás. Cumplida su tarea de justiciero, ahora era nadie. Mejor dicho era el otro: no tenía destino sobre la tierra y había matado a un hombre.Ahora el negro es "el otro", es decir, Martín Fierro, pues, como él, ya arrastra una muerte sobre la tierra: "La sangre que se redama / no se olvida hasta la muerte" . Su victoria es, en realidad, su derrota. Como bien dice Donald L. Shaw, "ha liberado a Fierro de la trampa para encerrarse a sí mismo en ella".El narrador es omnisciente, pero finge no saber con exactitud qué relación existe entre Recabarren y el "chico de rasgos aindiados". Borges intercala estos elementos de duda -"(hijo suyo, tal vez)"- para intensificar la verosimilitud de la narración.Los personajes son cuatro. Recabarren, testigo de los hechos, no interviene en la narración; parece estar fuera del tiempo -en el presente--, en la eternidad. Un chico, sin voz -"le dijo por señas que no"-. El moreno y Martín Fierro, cuya identidad se oculta hasta el final, son los únicos personajes que dialogan. El absoluto silencio del pulpero y del chico -meras presencias- contrasta con las palabras de los otros personajes, en las que late la idea de venganza.El narrador determina tres espacios: la habitación de Recabarren, apenas sugerida, en la que sólo una ventana lo comunica con una parte de la realidad exterior; la pulpería, escenario de la famosa payada, y la llanura "casi abstracta, como vista en un sueño". El contraste entre los espacios es evidente: oscuridad, estatismo (el cuarto del pulpero) y luz, movimiento (la llanura iluminada por "el último sol").El tiempo gobierna la narrativa borgeana. El cuento comienza al atardecer: " ... se dilataban la llanura y la tarde ... "; " ... aún quedaba mucha luz en el cielo". Luego, anochece: " ahora miraba el cielo y pensaba que el cerco rojo de la luna era señal de lluvia. [ ] La llanura, bajo el último sol, era casi abstracta ... " Por fin, noche cerrada: "Un lugar de la llanura era igual a otro y la luna resplandecía".Desde el punto de vista físico, la gradación temporal es perfecta. Además, Fierro aclara que sólo transcurre "una porción de días" desde la memorable payada. También surge el tiempo psíquico: Recabarren solamente vive en el presente. Un breve "racconto" explica la situación actual del "sufrido" pulpero.Un universo de símbolosDesde las primeras líneas, Borges nos da la clave de su cuento:De la otra pieza le llegaba un rasgueo de guitarra, una suerte de pobrísimo laberinto que se enredaba y desataba infinitamente ...La palabra laberinto' tiene una gran significación en el texto. Para Borges es la prisión en que está encerrado el hombre; es el lugar donde encontrará la muerte y, tal vez, la liberación; es el origen y el fin, el infinito y el caos, el paso de la vida a la muerte. Nuestro escritor explica cuándo surge en él la idea del laberinto: "Recuerdo un libro con un grabado en acero de las siete maravillas del mundo; entre ellas estaba el laberinto de Creta. Un edificio parecido a una plaza de toros, con unas ventanas muy exiguas, unas hendijas. Yo, de niño, pensaba que si examinaba bien ese dibujo, ayu¬dándome con una lupa, podría llegar a ver el Minotauro. Además, el laberinto es un síntoma evidente de perplejidad [ ... l. Yo, para expresar esa perplejidad que me ha acompañado a lo largo de la vida y que hace que muchos de mis propios actos me sean inexplicables, elegí el símbolo del laberinto o, mejor dicho, el laberinto me fue impuesto, porque la idea de un edificio construido para que alguien se pierda, es el símbolo inevitable de la perplejidad".La vida de Martín Fierro es un extenso espacio sin salida. Vive prisionero de sus muertes; vive perseguido. De ahí que cobre singular significado el poema "Laberinto" (Elogio de la sombra):No habrá nunca una puerta. Estás adentroy el alcázar abarca el universoy no tiene ni anverso ni reversoni externo muro ni secreto centro.No esperes que el rigor de tu caminoque tercamente se bifurca en otro,que tercamente se bifurca en otro, tendrá fin. Es de hierro tu destinocomo tu juez .. El cuchillo del moreno le da la muerte, pero, al mismo tiempo, la vida profunda.Fierro despierta hacia la libertad que pregonaba. "Morir es haber nacido", dice Borges en uno de sus poemas ("Milonga de Manuel Flores"). Si en la famosa payada fue la guitarra el símbolo de la victoria de Fierro, en el duelo -"otra clase de contrapunto"-, el cuchillo simboliza su derrota. Leemos en el poema de Hernández:Vamos, suerte, vamos juntos /dende que juntos nacimos,y ya que juntos vivimos/ sin podemos dividir,yo abriré con mi cuchillo/ el camino pa seguir.El gaucho Martín Fierro, VIII, vs. 1385-1390.En El otro, el mismo, Borges dice que el cuchillo "es de algún modo eterno; los hombres lo pensaron y lo formaron para un fin muy preciso" '.Leemos en "El fin": " ... el acero filoso rayó y marcó la cara del negro". En el poema hernandiano no ocurre esto; todo es a la inversa, pues el otro moreno, el muerto, es el que le corta la cara a Fierro:. Aunque si yo lo matémucha culpa tuvo el negro.Estuve un poco imprudente,puede ser, yo lo confieso,pero él me precipitóporque me cortó primero;y a más me cortó en la cara,que es un asunto muy serio.La vuelta de Martín Fierro, XI, vs. 1599-1606.La luna, otro símbolo del cuento, preside el duelo _" ... y la luna resplandecía"-, pues: "Es uno de los símbolos que al hombre / da el hado o el azar para que un día / de exaltación gloriosa o agonía / pueda escribir su verdadero nombre" ("La luna"). Martín Fierro ya no regresará a su laberinto. Borges ha salvado a la criatura hernan¬diana. Tal vez, como Francisco Narciso de Laprida, Fierro, en su "agonía laboriosa", ha pensado:... Al fin me encuentrocon mi destino sudamericano.A esta ruinosa tarde me llevabael laberinto múltiple de pasosque mis días tejieron desde un díade la niñez. Al fin he descubiertola recóndita clave de mis años,la letra que faltaba, la perfectaforma que supo Dios desde el principio.En el espejo de esta noche alcanzomi insospechado rostro eterno. El círculose va a cerrar. Yo aguardo que así sea." Poema conjetural", en El otro, el mismo.El adverbio infinitamente crea una atmósfera de inquietud y de ensoñación en el cuento. Ante el infinito, la realidad desaparece.Recabarren ya no puede cambiar "las cosas cotidianas" por otras. Borges considera que lo cotidiano y reiterado destruye la sucesión temporal y crea la eternidad, pues si se viven momentos iguales a los del pasado se interrumpe el fluir de las horas. De ahí que leamos: "Habituado a vivir en el presente ... ".Tiempo y espacio forman una sola dimensión infinita a través del verbo se dilataban: " ... se dilataban la llanura y la tarde ... ".La referencia al ocaso -"bajo el último sol"- también es simbólica: alude al tiempo que huye hacia la muerte. Para Borges, el ocaso "atañe doblemente a una lontananza espacial y a una perdición de las horas".El desenlace presenta la identidad del sacrificador y de la víctima. El duelo del canto VII (El gaucho Martín Fierro) se repite, pero el vencedor de aquél es ahora el vencido:... nunca me puedo olvidarde la agonía de aquel negro.Limpié el facón en los pastos,desaté mi redomón,monté despacio y salíal tranco pa el cañadón.(vs. 1237-1238 y 1249-1252)... el negro parecía vigilar su agonía laboriosa. Limpió el facón ensangrentado en el pasto y volvió a las casas con lentitud, sin mirar para atrás.El cuento de Borges responde, pues, al concepto de la literatura como reelaboración de la literatura *. Su contenido ya se halla en el poema hernandiano, pero -como dice Fierro- "aquí no hay imitación, / ésta es pura realidá". Indudablemente, nuestro escritor presenta otra realidad; compone -según Pedro Luis Barcia- el canto XXXIV del Martín Fierro :De las generaciones de los textos que hay en la / tierra / sólo habré leído unos pocos, / los que sigo leyendo en la memoria, / leyendo y transformando. Jorge Luis Borges

Fuente: AA. VV -Las letras en América Hispana- Ed. Estrada- Bs.As, 1994


19 de julio de 2009

Griselda Gambaro: autora de La Malasangre

La autora hablando de su obra.

Para 3° 1° y 3°2° EET 2


Joaquín Furriel y Carolina Fal en los papeles de Rafael y Dolores

"El silencio grita" es una de las frases más fuertes de La Malasangre y sintetiza la esencia de la obra: una denuncia social cargada de momentos emotivos y tristes, bellos y abominables pero siempre fuertes, que llegan a lo más profundo del espectador y que marcan el estilo de la autora, una mujer que no se calla nada.

Es una obra teatral de Griselda Gambaro escrita en 1982 que relata una historia de amor en el siglo XIX, más precisamente durante el gobierno de Rosas, etapa agitada de la historia argentina que ayuda a comprender comportamientos y situaciones de la trama.La pasión de amor entre Rafael y Dolores es una pasión prohibida que se desarrolla en el marco de una sociedad cerrada que determina qué es lo que está bien y lo que no. El amo de la casona y padre de Dolores, es el modelo del autoritarismo. En ella despierta el amor por Rafael, un profesor jorobado y, por tal motivo, discriminado. La protagonista, a pesar de todo, vive su historia de amor prohibido, crece con sus sentimientos después de su altivez y frivolidad de niña caprichosa. Se reconoce en su amor y pelea por él, a su manera, con los medios que tiene. Entre un padre autoritario y una madre débil, de ambigua bondad, entre la comodidad de su vida de clase alta, ella desafía el poder que le marca la obediencia, buscando y asumiendo su propia dignidad.
En la obra se conjugan muchos factores opuestos. El humor negro, el clima de opresión, la humillación, el amor, la soberbia y la injusticia de algunos que representa aquellos tiempos de la historia argentina (y podría encajar en otros de similares características). ¿Cómo clasificamos esta obra?La Malasangre pertenece al género dramático por estar concebida para ser representada en formato teatral. Como ha sido escrita por alguien, tiene un autor al que denominamos dramaturgo. Como su intención es ser representada, otro de los elementos que posee es el público que va a presenciarla. La virtualidad teatral es lo que la hace capaz de ser representada dado que con ese fin fue creada. El director es quien recrea la obra, la adapta (no tiene que ser necesariamente su autor) y le da una nueva forma artística.Otra característica fundamental de la obra dramática es el conflicto, es decir, un problema universal que puede afectar a la mayoría. Por ejemplo: el amor, la injusticia, la guerra, el odio, etc.Los hechos no son expresados por un narrador sino que son los mismos personajes los encargados de desarrollar la trama por medio del lenguaje, movimientos, expresiones o gestos.

Fuente: http://www.laprensa.com.ar/301502-La-Malasangre-actualiza-un-pais.note.aspx

http://scripts.argentina.aula365.com/permalink/blogpost/Literatura-latinoamericana/La-Malasangre-de-Griselda-Gambaro-2659225.aspx

18 de julio de 2009

Camino a Ítaca


Si vas a emprender viaje hacia Ítaca,

pide que tu camino sea largo,

rico en experiencias, en conocimiento.

A Lestrígones y a Cíclopes o al airado

Poseidón nunca temas:

no hallarás tales seres en tu ruta

si alto es tu pensamiento y limpia la emoción

de tu espíritu y tu cuerpo.

A Lestrígones ni a Cíclopes, ni al fiero Poseidón

hallarás nunca

si no los llevas dentro de tu alma,

si no es tu alma quien los pone ante ti.

Pide que tu camino sea largo,

que numerosas sean las mañanas de verano

en que con placer felizmente arribes

a bahías nunca vistas.

Ten siempre a Ítaca en la memoria.

Llegar allí es tu meta,
más no apresures el viaje,

mejor que se extienda largos años,

y en tu vejez arribes a la isla

con cuanto hayas ganado en el camino,

sin esperar que Ítaca te enriquezca.

Ítaca te regaló un hermoso viaje,

sin ella el camino no hubieras emprendido,

más ninguna otra cosa puede darte.

Aunque pobre la encuentres, no te engañaría Ítaca.

Rico en saber y en vida como has vuelto

comprenderás ya que significan la Ítacas.


Konstantin Kavafis (1863-1933)

Este poema lo recibí por primera vez, por parte de una profesora muy querida para mí cuando egresaba del Profesorado, no puedo expresar los sentimientos que provocó en mí. Lo único que aprendí a través de él es que el camino muchas veces es difuso, raro y hasta a veces enigmático, pero recorriéndolo se aprende, con los tropiezos y con dudas, mejor dicho miedos. Pero no hayque dejar que el mismo nos derribe. El camino a Itaca es muy largo, pero al llegar, lo importantees que el conocimiento adquirido nos sirva para seguir viviendo.

16 de julio de 2009

Elogio de la lectura


Procedencia de la imagen: http://bibloranca-biblos.blogspot.com/

Artículo 1

Los libros, todos los libros, tienen derecho a existir.

Artículo 2

Los libros son iguales entre ellos, sin distinción de su origen, fortuna, nacimiento, opinión o editor.

Artículo 3

Todo libro tiene derecho a la vida, a su comercialización, a la suerte de ser expuesto al lector y ofrecer a su autor la posibilidad de ser escuchado y remunerado con justicia.

Artículo 4

Todos son iguales ante la ley que los somete a igualdad de precio en cualquier sitio donde sean expuestos.

Artículo 5

Todos tienen derecho a que en todos sitios se reconozca su personalidad, la personalidad del autor y del editor.

Artículo 6

El libro, obra de imaginación como de investigación, se dirige a la imaginación como a las necesidades del ser humano. Así que no debe ser tratado en su comercialización como un producto simplemente de consumo.

Artículo 7

El libro es y será garante de nuestras libertades. No puede en ningún caso ser sometido a aversión sea por el planteamiento de sus ideas como por su misión fundamental de promover el libre intercambio de las culturas, las mentalidades y los saberes.

Artículo 8

El libro, portavoz del espíritu, de la ciencia, de placeres, registro del saber, así como obra de creación, debe ser tratado como un bien indispensable para la cultura, la promoción social y espiritual, la información, y no puede ser tratado como un vulgar objeto de provecho.


Traducción de NOSOLOLIBROS de "Déclaration des Droits du Livre"

Pienso realmente que el libro, tal como expresa la declaración tiene sus derechos y como lectores, a nosotros nos corresponde respetarlo.

15 de julio de 2009

Biografía de Oscar Wilde


Oscar Wilde
(Dublín, 1854 - París, 1900) Escritor británico. Hijo del cirujano William Wills-Wilde y de la escritora Joana Elgee, Oscar Wilde tuvo una infancia tranquila y sin sobresaltos. Estudió en la Portora Royal School de Euniskillen, en el Trinity College de Dublín y, posteriormente, en el Magdalen College de Oxford, centro en el que permaneció entre 1874 y 1878 y en el cual recibió el Premio Newdigate de poesía, que gozaba de gran prestigio en la época.
Oscar Wilde combinó sus estudios universitarios con viajes (en 1877 visitó Italia y Grecia), al tiempo que publicaba en varios periódicos y revistas sus primeros poemas, que fueron reunidos en 1881 en Poemas. Al año siguiente emprendió un viaje a Estados Unidos, donde ofreció una serie de conferencias sobre su teoría acerca de la filosofía estética, que defendía la idea del «arte por el arte» y en la cual sentaba las bases de lo que posteriormente dio en llamarse dandismo.
A su vuelta, Oscar Wilde hizo lo propio en universidades y centros culturales británicos, donde fue excepcionalmente bien recibido. También lo fue en Francia, país que visitó en 1883 y en el cual entabló amistad con Verlaine y otros escritores de la época.
En 1884 contrajo matrimonio con Constance Lloyd, que le dio dos hijos, quienes rechazaron el apellido paterno tras los acontecimientos de 1895. Entre 1887 y 1889 editó una revista femenina, Woman’s World, y en 1888 publicó un libro de cuentos, El príncipe feliz, cuya buena acogida motivó la publicación, en 1891, de varias de sus obras, entre ellas El crimen de lord Arthur Saville.
El éxito de Wilde se basaba en el ingenio punzante y epigramático que derrochaba en sus obras, dedicadas casi siempre a fustigar las hipocresías de sus contemporáneos. Así mismo, se reeditó en libro una novela publicada anteriormente en forma de fascículos, El retrato de Dorian Gray, la única novela de Wilde, cuya autoría le reportó feroces críticas desde sectores puritanos y conservadores debido a su tergiversación del tema de Fausto.
No disminuyó, sin embargo, su popularidad como dramaturgo, que se acrecentó con obras como Salomé (1891), escrita en francés, o La importancia de llamarse Ernesto (1895), obras de diálogos vivos y cargados de ironía. Su éxito, sin embargo, se vio truncado en 1895 cuando el marqués de Queenberry inició una campaña de difamación en periódicos y revistas acusándolo de homosexual. Wilde, por su parte, intentó defenderse con un proceso difamatorio contra Queenberry, aunque sin éxito, pues las pruebas presentadas por este último daban evidencia de hechos que podían ser juzgados a la luz de la Criminal Amendement Act.
El 27 de mayo de 1895 Oscar Wilde fue condenado a dos años de prisión y trabajos forzados. Las numerosas presiones y peticiones de clemencia efectuadas desde sectores progresistas y desde varios de los más importantes círculos literarios europeos no fueron escuchadas y el escritor se vio obligado a cumplir por entero la pena. Enviado a Wandsworth y Reading, donde redactó la posteriormente aclamada Balada de la cárcel de Reading, la sentencia supuso la pérdida de todo aquello que había conseguido durante sus años de gloria.
Recobrada la libertad, cambió de nombre y apellido (adoptó los de Sebastian Melmoth) y emigró a París, donde permaneció hasta su muerte. Sus últimos años de vida se caracterizaron por la fragilidad económica, sus quebrantos de salud, los problemas derivados de su afición a la bebida y un acercamiento de última hora al catolicismo. Sólo póstumamente sus obras volvieron a representarse y a editarse. En 1906, Richard Strauss puso música a su drama Salomé, y con el paso de los años se tradujo a varias lenguas la práctica totalidad de su producción literaria.