24 de julio de 2009

Reflexiones: "Grietas"


Una joven tenía dos grandes vasijas
que colgaba a los extremos de un palo
y que llevaba encima de los hombros.
Una de las vasijas tenía varias grietas,
mientras que la otra era perfecta
y conservaba toda el agua al final
del largo camino a pie desde el arroyo
hasta la casa de su patrón,
pero cuando llegaba, la vasija rota
solo tenía la mitad del agua.

Durante dos años completos
esto fue así diariamente,
desde luego la vasija perfecta
estaba muy orgullosa de sus logros,
pues se sabía perfecta para
los fines para los que fue creada.
Pero la pobre vasija agrietada
estaba muy avergonzada
de su propia imperfección
y se sentía miserable porque
solo podía hacer la mitad
de todo lo que se suponía
que era su obligación.

Después de dos años,
la tinaja quebrada le habló a la joven, diciéndole:

"Estoy avergonzada y me quiero disculpar contigo
porque debido a mis grietas solo puedes entregar
la mitad de mi carga y solo obtienes
la mitad del valor que deberías recibir."

La joven, le dijo compasivamente:

"Cuando regresemos a la casa
quiero que notes las bellísimas flores
que crecen a lo largo del camino."

Así lo hizo la tinaja. Y en efecto
vio muchísimas flores hermosas a lo largo,
pero de todos modos se sentía apenada
porque al final, solo quedaba dentro
de si la mitad del agua que debía llevar.

La joven le dijo entonces
" Te diste cuenta de que las flores
solo crecen en tu lado del camino?
Siempre he sabido de tus grietas
y quise sacar el lado positivo de ello.
Sembré semillas de flores
a todo lo largo de camino
por donde vas y todos los días
las has regado y por dos años
yo he podido recoger
estas flores para decorar
el altar de mi Maestro.
Si no fueras exactamente
tal y como eres,
con todo y tus defectos,
no hubiera sido posible
crear esta belleza."

Cada uno de nosotros
tiene sus propias grietas.
Todos somos vasijas agrietadas,
pero debemos saber que siempre
existe la posibilidad
de aprovechar las grietas
para obtener buenos resultados.

Modelo de Evaluación para 3° año




Aquí les dejo un modelo de la evaluación que se tomará a los alumnos de 3° EET 2.
Espero que tomen en cuenta que los contenidos son los que se dieron en clase.

23 de julio de 2009

Trabajos de los alumnos



Estas son los libros creados por mis alumnos, los mismos contienen producciones realizadas siguiendo la obra escrita por Cervantes.
¡Felicitaciones a todos!

Barroco. Apunte 2° año

El término barroco se formó por cruce de dos palabras: la portuguesa barroco (perla irregular) y la italiana barocco (razonamiento retorcido). La cultura barroca es consecuencia de: decadencia, crisis, malestar, tensiones religiosas.
Una palabra clave de esa cultura es el desengaño. Ello significa el derrumbamiento del idealismo renacentista, con su amor a la vida y su visión armónica del mundo. Ahora dominará una concepción negativa del mundo y de a vida.
El mundo carece de valor: es caótico, y está lleno de dolor y de peligros;
la vida es inconsistente: es "una sombra, una ficción"; vivimos engañados porque hay un divorcio entre la apariencia y la realidad de las cosas; la vida es breve, fugaz: todo cambia y se nos escape; el tiempo pasa destruyéndolo todo y destruyéndonos: vivir es ir muriendo.
En la religión, la citada actitud ascética predicaba apartarse del mundo y poner los ojos en la otra vida.
El Barroco.

Teatro Barroco: características
El Barroco, además de un periodo de la historia del arte, fue un movimiento cultural que se extendió en la literatura, la escultura, la pintura, la arquitectura, la danza y la música desde 1600 hasta 1750 aproximadamente.El estilo barroco surgió a principios del siglo XVII y de Italia se irradió hacia la mayor parte de Europa. Durante mucho tiempo (siglos XVIII y XIX), el término barroco tuvo un sentido peyorativo -sinónimo de recargado-, desmesurado e irracional, hasta que, posteriormente, fue revalorizado a fines del siglo XIX por Jacob Burckhardt y luego por Benedetto Croce y Eugenio D'Ors.El Barroco, además de un periodo de la historia del arte, fue un movimiento cultural que se extendió en la literatura, la escultura, la pintura, la arquitectura, la danza y la música desde 1600 hasta 1750 aproximadamente.El rasgo que suele definir, en forma más acertada, al movimiento Barroco es la lucha de contrarios. La oposición de elementos genera una tensión en la obra que la aleja totalmente de la armonía y del equilibrio renacentista. No es casual que el juego de opuestos constituya un rasgo casi definitorio pues refleja las inquietudes existenciales por las que atravesaba el hombre del siglo XVII.Los contrastes más utilizados en las obras barrocas son:
1. vida-muerte;
2. humano-divino,
3. sueño-realidad;
4. ilusión-desengaño;
5. luz-sombra (en términos teóricos);
6. verdad-mentira,
7. eternidad-temporalidad,
8. valentía-cobardía,
9. espiritualidad-materialidad.
El Barroco es también el arte de lo artificial, pues coloca las ideas del arte por encima de la naturaleza que trata de embellecer, contrariamente a la simple imitación renacentista. Este efecto se logra por medio de la estilización, gracias al uso de recursos, como el hipérbaton, metáforas, el color y la abundancia de figuras mitológicas. No obstante, así como, por un lado, se embellece la naturaleza, por el otro, el arte representa también lo feo y lo grotesco (introducido ya con el Manierismo), aspectos relacionados con la visión realista de la vida en la que conviven lo bello y lo monstruoso. Por ejemplo, el pintor Diego Velázquez incluyó, en Las meninas una sirvienta enana junto a la princesa; y Cervantes ubicó, en el Quijote, personajes femeninos muy bonitos junto a otros que sobresalen por su vulgaridad y tosquedad.¿Por qué a una época tan negativa se la conoce con el nombre de Siglo Oro? Algunos estudiosos afirman que toda sociedad que transita por una profunda crisis de valores la canaliza mediante la expresión artística. Así, en el período, surgieron músicos con el talento de Vivaldi; pintores, como José de Ribera, Zurbarán, Diego Velázquez, Rembrandt, Esteban Murillo, Caravaggio; escultores, como Bernini arquitectos, como Pedro de Ribera. Respecto a las Letras, el reinado de Felipe II y, sobre todo, el de Felipe III representaron el momento más brillante de la cultura literaria.En estos tiempos, brillaron las "plumas" de Miguel de Cervantes, Luis de Góngora. Francisco de Quevedo, se representó el mejor teatro de Lope de Vega, famoso desde el reinado de Felipe II, y, como culminación, se vieron las obras de Calderón de la Barca.Todos expresaron continuamente el sentimiento de desengaño, insatisfacción y hastío, que le dio a su arte un evidente tono pesimista. Este tono se observa en el tratamiento del tema de la muerte, del paso irremediable del tiempo y de la angustia de la vida perdida.

El teatro barroco

El teatro era el género más popular de la época. Todos los estratos de la sociedad podían disfrutar de este gran espectáculo que incluía actos previos e intermedios con música, canciones y farsas. Las obras se escribían para ser representadas y recién se imprimían cuando ya se habían "gastado" sobre el escenario.El público, en general, disfrutaba del teatro en los "corrales": teatros armados en los patios entre edificios vecinos. En el fondo, se situaba el escenario con puertas laterales y posteriores, y una o dos galerías para representar escenas en distintas alturas. No había telón, y la escenografía era muy básica y esquemática, de modo que los espacios se creaban por medio de la palabra. Al frente y a los dos costados del escenario, estaban las localidades; las de pie en el patio eran las más baratas; las de las gradas y galerías que lo rodeaban variaban en precio y eran para el público más pudiente.Las funciones se hacían de día, porque no contaban con luz artificial para iluminar todo el corral. Dado el carácter masivo del público, el poeta se veía obligado a escribir para dejar contentos a todos los estratos sociales. Tenía que mantener a todos atentos y a gusto, pues un público aburrido o disgustado podía arruinar la representación.También se representaba en los palacios reales o de nobles importantes. Aquí el público era más homogéneo, formado exclusivamente por reyes, nobles y cortesanos. La re­presentación solía ser más suntuosa.Por último, para la fiesta de Corpus Christi se organizaban, sobre carros en las plazas o en otros espacios públicos, obras de carácter teológico en un acto, llamadas "autos sacramentales".

Características generales

El teatro del Siglo de Oro da más importancia a la acción que a las caracterizaciones psicológicas. Esta acción, a su vez, está subordinada al tema que se quiere tratar: es decir, la trama es como una metáfora o símbolo que vehiculiza el asunto global de la obra. Esto permite que haya una intriga secundaria, además de la principal.

Lope de Vega sentó las bases y pautas del teatro clásico español con el ejemplo de sus numerosas obras y con el Arte nuevo de hacer comedias en este tiempo.


Estas son algunas de sus principales ideas:


1. Dejar de lado a los preceptistas y seguir el gusto del público: el teatro debe acomodarse a los tiempos que corren, tanto en su temática como en su forma, buscando siempre movilizar al espectador.


2. Mezclar lo trágico con lo cómico, imitando la variedad de la naturaleza. De esta manera, los personajes de estilo alto pueden convivir con los de es tilo bajo, pero siempre se debe mantener el lenguaje apropiado para cada uno.


3. Imponer el verso como la norma para el teatro, con variedad de formas métricas y estróficas.


4. Dividir la obra en tres actos, en lugar de los cinco clásicos.


5. Permitir en la obra cambios de espacio y de tiempo.Los personajes: en el teatro de la época, los personajes estánrígidamente codificados y responden a categorías fijas: el galán y la dama: belleza física, virtud y nobleza

El poderoso: el rey o los nobles de la más alta jerarquía

El viejo: función paterna, prudente y graveLa criada y el gracioso: suelen ser lo contrapuesto de la dama y el galán.La figura del gracioso es una gran innovación de la época, porque en él se mezclan lo cómico con lo trágico. En muchas obras, su comicidad es amarga, ya que aparece como portavoz de una verdad que no todos quieren oír. En las tragedias, se muestra como el único agente cómico, pero, en las obras cómicas, la comicidad se reparte entre varios personajes.

Fuente: http://elblogdemara5.blogspot.com/

22 de julio de 2009

Para el correcto uso de los signos de puntuación

Espero que el video les sea de mucha utilidad¡¡

Reglas de Acentuación


Un video explicativo con las reglas de acentuación para tener en cuenta cuando realizan los trabajos.

Ejercitación de Ortografía

Aquí les dejo actividades de ortografía para ejercitar.


Recordatorio

Para los alumnos de 2° D, los trabajos que tienen que realizar están en este blog. Leer las etiquetas.

21 de julio de 2009

Libros Interactivos Multimedia: Textos argumentativos


Un recurso muy interesante para tener en cuenta es: http://www.tinglado.net/tic/manuel/textosargumentativos/textosargumentativos.html

Tipología Textual


origen de la imagen: http://literaturaylengua.com/
Un buen recurso para trabajar tipología textual es: http://centros5.pntic.mec.es/cpr.de.ciudad.real/lengua/Tiptextos.htm
Espero que les sea de mucha utilidad, allí encontrarán un cuadro completo con la explicación de cada tipología.

20 de julio de 2009

Análisis del cuento "El Fin" de Jorge Luis Borges para 3° Adultos y trabajo práctico


Análisis de El fin de Jorge Luis Borges

Dice Borges sobre el cuento “El fin”:"Todo lo que hay en él está implícito en un libro famoso y yo he sido el primero en desentrañarlo"-; con esta narración, Borges agrega "un canto" a la segunda parte de Martín Fierro, de José Hernández.La intervención del protagonista de este gran poema concluye así: Martín Fierro se separa de sus hijos y del hijo de Cruz, ("Después, a los cuatro vientos / los cuatro se dirigieron".)pero Borges lo hace regresar a la pulpería donde había llevado a cabo la payada con el moreno, "un pobre guitarrero", y donde los presentes habían procurado "que no se armara pendencia".De todas maneras, en el poema hernandiano Martín Fierro no quiere pelear -"Yo ya no busco peleas, / las contiendas no me gustan; / pero ni sombras me asustan / ni bultos que se menean"-, pero hace alarde de su valentía, es decir, sabe defenderse si lo provocan. Estos versos constituyen ya una clave para comprender el desenlace del cuento borgeano. Además, su título -"El fin"- responde a una de las estrofas del poema (La vuelta de Martín Fíerro, canto XXX, vs. 4481-4486):Yo no sé lo que vendrá /tampoco soy adivino;/pero firme en mi camino/hasta el fin he de seguir: /todos tienen que cumplir /con la ley de su destino.El tema de "El fin" es el encuentro del hombre con su destino inexorable.El moreno es vencido en la célebre payada, pero continúa en la pulpería como a la espera de "alguien". Ese "alguien" es Martín Fierro, quien hace siete años ha matado a su hermano (Canto VII de Martín Fierro). El pulpero Recabarren había presenciado el primer contrapunto entre "el forastero" y el moreno. "Ahora" asiste, desde su lecho, inmóvil por la parálisis, al segundo, el de la vida contra la muerte. Ve llegar a un jinete, pero no puede identificarlo:Recabarren vio el chambergo, el largo poncho oscuro, el caballo moro, pero no la cara del hombre, que, por fin, sujetó el galope y vino acercándose al trotecito. A unas doscientas varas dobló. Recabarren no lo vio más, pero lo oyó chistar, apearse, atar el caballo al palenque y entrar con paso firme en la pulpería.El moreno recibe complacido a Fierro. Este trata de justificar su actitud pacífica al finalizar aquella payada que los unió:-Más de siete años pasé yo sin ver a mis hijos. Los encontré ese día y no quise mostrarme como un hombre que anda a las puñaladas.- Ya me hice cargo -dijo el negro-. Espero que los dejó con salud.El destino le pone otra vez "el cuchillo" en la mano e inexorablemente debe cumplir con él. Se alejan "un trecho" de las casas y se preparan para el duelo:-Una cosa quiero pedirle antes que nos trabemos. Que en este encuentro ponga todo su coraje y toda su maña, como en aquel otro de hace siete años, cuando mató a mi hermano.Sólo Recabarren presencia los hechos, a través de la ventana de su rancho; sólo él ve "el fin", la muerte de Martín Fierro:Inmóvil, el negro parecía vigilar su agonía laboriosa. Limpió el facón ensangrentado en el pasto y volvió a las casas con lentitud, sin mirar para atrás. Cumplida su tarea de justiciero, ahora era nadie. Mejor dicho era el otro: no tenía destino sobre la tierra y había matado a un hombre.Ahora el negro es "el otro", es decir, Martín Fierro, pues, como él, ya arrastra una muerte sobre la tierra: "La sangre que se redama / no se olvida hasta la muerte" . Su victoria es, en realidad, su derrota. Como bien dice Donald L. Shaw, "ha liberado a Fierro de la trampa para encerrarse a sí mismo en ella".El narrador es omnisciente, pero finge no saber con exactitud qué relación existe entre Recabarren y el "chico de rasgos aindiados". Borges intercala estos elementos de duda -"(hijo suyo, tal vez)"- para intensificar la verosimilitud de la narración.Los personajes son cuatro. Recabarren, testigo de los hechos, no interviene en la narración; parece estar fuera del tiempo -en el presente--, en la eternidad. Un chico, sin voz -"le dijo por señas que no"-. El moreno y Martín Fierro, cuya identidad se oculta hasta el final, son los únicos personajes que dialogan. El absoluto silencio del pulpero y del chico -meras presencias- contrasta con las palabras de los otros personajes, en las que late la idea de venganza.El narrador determina tres espacios: la habitación de Recabarren, apenas sugerida, en la que sólo una ventana lo comunica con una parte de la realidad exterior; la pulpería, escenario de la famosa payada, y la llanura "casi abstracta, como vista en un sueño". El contraste entre los espacios es evidente: oscuridad, estatismo (el cuarto del pulpero) y luz, movimiento (la llanura iluminada por "el último sol").El tiempo gobierna la narrativa borgeana. El cuento comienza al atardecer: " ... se dilataban la llanura y la tarde ... "; " ... aún quedaba mucha luz en el cielo". Luego, anochece: " ahora miraba el cielo y pensaba que el cerco rojo de la luna era señal de lluvia. [ ] La llanura, bajo el último sol, era casi abstracta ... " Por fin, noche cerrada: "Un lugar de la llanura era igual a otro y la luna resplandecía".Desde el punto de vista físico, la gradación temporal es perfecta. Además, Fierro aclara que sólo transcurre "una porción de días" desde la memorable payada. También surge el tiempo psíquico: Recabarren solamente vive en el presente. Un breve "racconto" explica la situación actual del "sufrido" pulpero.Un universo de símbolosDesde las primeras líneas, Borges nos da la clave de su cuento:De la otra pieza le llegaba un rasgueo de guitarra, una suerte de pobrísimo laberinto que se enredaba y desataba infinitamente ...La palabra laberinto' tiene una gran significación en el texto. Para Borges es la prisión en que está encerrado el hombre; es el lugar donde encontrará la muerte y, tal vez, la liberación; es el origen y el fin, el infinito y el caos, el paso de la vida a la muerte. Nuestro escritor explica cuándo surge en él la idea del laberinto: "Recuerdo un libro con un grabado en acero de las siete maravillas del mundo; entre ellas estaba el laberinto de Creta. Un edificio parecido a una plaza de toros, con unas ventanas muy exiguas, unas hendijas. Yo, de niño, pensaba que si examinaba bien ese dibujo, ayu¬dándome con una lupa, podría llegar a ver el Minotauro. Además, el laberinto es un síntoma evidente de perplejidad [ ... l. Yo, para expresar esa perplejidad que me ha acompañado a lo largo de la vida y que hace que muchos de mis propios actos me sean inexplicables, elegí el símbolo del laberinto o, mejor dicho, el laberinto me fue impuesto, porque la idea de un edificio construido para que alguien se pierda, es el símbolo inevitable de la perplejidad".La vida de Martín Fierro es un extenso espacio sin salida. Vive prisionero de sus muertes; vive perseguido. De ahí que cobre singular significado el poema "Laberinto" (Elogio de la sombra):No habrá nunca una puerta. Estás adentroy el alcázar abarca el universoy no tiene ni anverso ni reversoni externo muro ni secreto centro.No esperes que el rigor de tu caminoque tercamente se bifurca en otro,que tercamente se bifurca en otro, tendrá fin. Es de hierro tu destinocomo tu juez .. El cuchillo del moreno le da la muerte, pero, al mismo tiempo, la vida profunda.Fierro despierta hacia la libertad que pregonaba. "Morir es haber nacido", dice Borges en uno de sus poemas ("Milonga de Manuel Flores"). Si en la famosa payada fue la guitarra el símbolo de la victoria de Fierro, en el duelo -"otra clase de contrapunto"-, el cuchillo simboliza su derrota. Leemos en el poema de Hernández:Vamos, suerte, vamos juntos /dende que juntos nacimos,y ya que juntos vivimos/ sin podemos dividir,yo abriré con mi cuchillo/ el camino pa seguir.El gaucho Martín Fierro, VIII, vs. 1385-1390.En El otro, el mismo, Borges dice que el cuchillo "es de algún modo eterno; los hombres lo pensaron y lo formaron para un fin muy preciso" '.Leemos en "El fin": " ... el acero filoso rayó y marcó la cara del negro". En el poema hernandiano no ocurre esto; todo es a la inversa, pues el otro moreno, el muerto, es el que le corta la cara a Fierro:. Aunque si yo lo matémucha culpa tuvo el negro.Estuve un poco imprudente,puede ser, yo lo confieso,pero él me precipitóporque me cortó primero;y a más me cortó en la cara,que es un asunto muy serio.La vuelta de Martín Fierro, XI, vs. 1599-1606.La luna, otro símbolo del cuento, preside el duelo _" ... y la luna resplandecía"-, pues: "Es uno de los símbolos que al hombre / da el hado o el azar para que un día / de exaltación gloriosa o agonía / pueda escribir su verdadero nombre" ("La luna"). Martín Fierro ya no regresará a su laberinto. Borges ha salvado a la criatura hernan¬diana. Tal vez, como Francisco Narciso de Laprida, Fierro, en su "agonía laboriosa", ha pensado:... Al fin me encuentrocon mi destino sudamericano.A esta ruinosa tarde me llevabael laberinto múltiple de pasosque mis días tejieron desde un díade la niñez. Al fin he descubiertola recóndita clave de mis años,la letra que faltaba, la perfectaforma que supo Dios desde el principio.En el espejo de esta noche alcanzomi insospechado rostro eterno. El círculose va a cerrar. Yo aguardo que así sea." Poema conjetural", en El otro, el mismo.El adverbio infinitamente crea una atmósfera de inquietud y de ensoñación en el cuento. Ante el infinito, la realidad desaparece.Recabarren ya no puede cambiar "las cosas cotidianas" por otras. Borges considera que lo cotidiano y reiterado destruye la sucesión temporal y crea la eternidad, pues si se viven momentos iguales a los del pasado se interrumpe el fluir de las horas. De ahí que leamos: "Habituado a vivir en el presente ... ".Tiempo y espacio forman una sola dimensión infinita a través del verbo se dilataban: " ... se dilataban la llanura y la tarde ... ".La referencia al ocaso -"bajo el último sol"- también es simbólica: alude al tiempo que huye hacia la muerte. Para Borges, el ocaso "atañe doblemente a una lontananza espacial y a una perdición de las horas".El desenlace presenta la identidad del sacrificador y de la víctima. El duelo del canto VII (El gaucho Martín Fierro) se repite, pero el vencedor de aquél es ahora el vencido:... nunca me puedo olvidarde la agonía de aquel negro.Limpié el facón en los pastos,desaté mi redomón,monté despacio y salíal tranco pa el cañadón.(vs. 1237-1238 y 1249-1252)... el negro parecía vigilar su agonía laboriosa. Limpió el facón ensangrentado en el pasto y volvió a las casas con lentitud, sin mirar para atrás.El cuento de Borges responde, pues, al concepto de la literatura como reelaboración de la literatura *. Su contenido ya se halla en el poema hernandiano, pero -como dice Fierro- "aquí no hay imitación, / ésta es pura realidá". Indudablemente, nuestro escritor presenta otra realidad; compone -según Pedro Luis Barcia- el canto XXXIV del Martín Fierro :De las generaciones de los textos que hay en la / tierra / sólo habré leído unos pocos, / los que sigo leyendo en la memoria, / leyendo y transformando. Jorge Luis Borges

Fuente: AA. VV -Las letras en América Hispana- Ed. Estrada- Bs.As, 1994


19 de julio de 2009

Griselda Gambaro: autora de La Malasangre

La autora hablando de su obra.

Para 3° 1° y 3°2° EET 2


Joaquín Furriel y Carolina Fal en los papeles de Rafael y Dolores

"El silencio grita" es una de las frases más fuertes de La Malasangre y sintetiza la esencia de la obra: una denuncia social cargada de momentos emotivos y tristes, bellos y abominables pero siempre fuertes, que llegan a lo más profundo del espectador y que marcan el estilo de la autora, una mujer que no se calla nada.

Es una obra teatral de Griselda Gambaro escrita en 1982 que relata una historia de amor en el siglo XIX, más precisamente durante el gobierno de Rosas, etapa agitada de la historia argentina que ayuda a comprender comportamientos y situaciones de la trama.La pasión de amor entre Rafael y Dolores es una pasión prohibida que se desarrolla en el marco de una sociedad cerrada que determina qué es lo que está bien y lo que no. El amo de la casona y padre de Dolores, es el modelo del autoritarismo. En ella despierta el amor por Rafael, un profesor jorobado y, por tal motivo, discriminado. La protagonista, a pesar de todo, vive su historia de amor prohibido, crece con sus sentimientos después de su altivez y frivolidad de niña caprichosa. Se reconoce en su amor y pelea por él, a su manera, con los medios que tiene. Entre un padre autoritario y una madre débil, de ambigua bondad, entre la comodidad de su vida de clase alta, ella desafía el poder que le marca la obediencia, buscando y asumiendo su propia dignidad.
En la obra se conjugan muchos factores opuestos. El humor negro, el clima de opresión, la humillación, el amor, la soberbia y la injusticia de algunos que representa aquellos tiempos de la historia argentina (y podría encajar en otros de similares características). ¿Cómo clasificamos esta obra?La Malasangre pertenece al género dramático por estar concebida para ser representada en formato teatral. Como ha sido escrita por alguien, tiene un autor al que denominamos dramaturgo. Como su intención es ser representada, otro de los elementos que posee es el público que va a presenciarla. La virtualidad teatral es lo que la hace capaz de ser representada dado que con ese fin fue creada. El director es quien recrea la obra, la adapta (no tiene que ser necesariamente su autor) y le da una nueva forma artística.Otra característica fundamental de la obra dramática es el conflicto, es decir, un problema universal que puede afectar a la mayoría. Por ejemplo: el amor, la injusticia, la guerra, el odio, etc.Los hechos no son expresados por un narrador sino que son los mismos personajes los encargados de desarrollar la trama por medio del lenguaje, movimientos, expresiones o gestos.

Fuente: http://www.laprensa.com.ar/301502-La-Malasangre-actualiza-un-pais.note.aspx

http://scripts.argentina.aula365.com/permalink/blogpost/Literatura-latinoamericana/La-Malasangre-de-Griselda-Gambaro-2659225.aspx

18 de julio de 2009

Camino a Ítaca


Si vas a emprender viaje hacia Ítaca,

pide que tu camino sea largo,

rico en experiencias, en conocimiento.

A Lestrígones y a Cíclopes o al airado

Poseidón nunca temas:

no hallarás tales seres en tu ruta

si alto es tu pensamiento y limpia la emoción

de tu espíritu y tu cuerpo.

A Lestrígones ni a Cíclopes, ni al fiero Poseidón

hallarás nunca

si no los llevas dentro de tu alma,

si no es tu alma quien los pone ante ti.

Pide que tu camino sea largo,

que numerosas sean las mañanas de verano

en que con placer felizmente arribes

a bahías nunca vistas.

Ten siempre a Ítaca en la memoria.

Llegar allí es tu meta,
más no apresures el viaje,

mejor que se extienda largos años,

y en tu vejez arribes a la isla

con cuanto hayas ganado en el camino,

sin esperar que Ítaca te enriquezca.

Ítaca te regaló un hermoso viaje,

sin ella el camino no hubieras emprendido,

más ninguna otra cosa puede darte.

Aunque pobre la encuentres, no te engañaría Ítaca.

Rico en saber y en vida como has vuelto

comprenderás ya que significan la Ítacas.


Konstantin Kavafis (1863-1933)

Este poema lo recibí por primera vez, por parte de una profesora muy querida para mí cuando egresaba del Profesorado, no puedo expresar los sentimientos que provocó en mí. Lo único que aprendí a través de él es que el camino muchas veces es difuso, raro y hasta a veces enigmático, pero recorriéndolo se aprende, con los tropiezos y con dudas, mejor dicho miedos. Pero no hayque dejar que el mismo nos derribe. El camino a Itaca es muy largo, pero al llegar, lo importantees que el conocimiento adquirido nos sirva para seguir viviendo.

16 de julio de 2009

Elogio de la lectura


Procedencia de la imagen: http://bibloranca-biblos.blogspot.com/

Artículo 1

Los libros, todos los libros, tienen derecho a existir.

Artículo 2

Los libros son iguales entre ellos, sin distinción de su origen, fortuna, nacimiento, opinión o editor.

Artículo 3

Todo libro tiene derecho a la vida, a su comercialización, a la suerte de ser expuesto al lector y ofrecer a su autor la posibilidad de ser escuchado y remunerado con justicia.

Artículo 4

Todos son iguales ante la ley que los somete a igualdad de precio en cualquier sitio donde sean expuestos.

Artículo 5

Todos tienen derecho a que en todos sitios se reconozca su personalidad, la personalidad del autor y del editor.

Artículo 6

El libro, obra de imaginación como de investigación, se dirige a la imaginación como a las necesidades del ser humano. Así que no debe ser tratado en su comercialización como un producto simplemente de consumo.

Artículo 7

El libro es y será garante de nuestras libertades. No puede en ningún caso ser sometido a aversión sea por el planteamiento de sus ideas como por su misión fundamental de promover el libre intercambio de las culturas, las mentalidades y los saberes.

Artículo 8

El libro, portavoz del espíritu, de la ciencia, de placeres, registro del saber, así como obra de creación, debe ser tratado como un bien indispensable para la cultura, la promoción social y espiritual, la información, y no puede ser tratado como un vulgar objeto de provecho.


Traducción de NOSOLOLIBROS de "Déclaration des Droits du Livre"

Pienso realmente que el libro, tal como expresa la declaración tiene sus derechos y como lectores, a nosotros nos corresponde respetarlo.

15 de julio de 2009

Biografía de Oscar Wilde


Oscar Wilde
(Dublín, 1854 - París, 1900) Escritor británico. Hijo del cirujano William Wills-Wilde y de la escritora Joana Elgee, Oscar Wilde tuvo una infancia tranquila y sin sobresaltos. Estudió en la Portora Royal School de Euniskillen, en el Trinity College de Dublín y, posteriormente, en el Magdalen College de Oxford, centro en el que permaneció entre 1874 y 1878 y en el cual recibió el Premio Newdigate de poesía, que gozaba de gran prestigio en la época.
Oscar Wilde combinó sus estudios universitarios con viajes (en 1877 visitó Italia y Grecia), al tiempo que publicaba en varios periódicos y revistas sus primeros poemas, que fueron reunidos en 1881 en Poemas. Al año siguiente emprendió un viaje a Estados Unidos, donde ofreció una serie de conferencias sobre su teoría acerca de la filosofía estética, que defendía la idea del «arte por el arte» y en la cual sentaba las bases de lo que posteriormente dio en llamarse dandismo.
A su vuelta, Oscar Wilde hizo lo propio en universidades y centros culturales británicos, donde fue excepcionalmente bien recibido. También lo fue en Francia, país que visitó en 1883 y en el cual entabló amistad con Verlaine y otros escritores de la época.
En 1884 contrajo matrimonio con Constance Lloyd, que le dio dos hijos, quienes rechazaron el apellido paterno tras los acontecimientos de 1895. Entre 1887 y 1889 editó una revista femenina, Woman’s World, y en 1888 publicó un libro de cuentos, El príncipe feliz, cuya buena acogida motivó la publicación, en 1891, de varias de sus obras, entre ellas El crimen de lord Arthur Saville.
El éxito de Wilde se basaba en el ingenio punzante y epigramático que derrochaba en sus obras, dedicadas casi siempre a fustigar las hipocresías de sus contemporáneos. Así mismo, se reeditó en libro una novela publicada anteriormente en forma de fascículos, El retrato de Dorian Gray, la única novela de Wilde, cuya autoría le reportó feroces críticas desde sectores puritanos y conservadores debido a su tergiversación del tema de Fausto.
No disminuyó, sin embargo, su popularidad como dramaturgo, que se acrecentó con obras como Salomé (1891), escrita en francés, o La importancia de llamarse Ernesto (1895), obras de diálogos vivos y cargados de ironía. Su éxito, sin embargo, se vio truncado en 1895 cuando el marqués de Queenberry inició una campaña de difamación en periódicos y revistas acusándolo de homosexual. Wilde, por su parte, intentó defenderse con un proceso difamatorio contra Queenberry, aunque sin éxito, pues las pruebas presentadas por este último daban evidencia de hechos que podían ser juzgados a la luz de la Criminal Amendement Act.
El 27 de mayo de 1895 Oscar Wilde fue condenado a dos años de prisión y trabajos forzados. Las numerosas presiones y peticiones de clemencia efectuadas desde sectores progresistas y desde varios de los más importantes círculos literarios europeos no fueron escuchadas y el escritor se vio obligado a cumplir por entero la pena. Enviado a Wandsworth y Reading, donde redactó la posteriormente aclamada Balada de la cárcel de Reading, la sentencia supuso la pérdida de todo aquello que había conseguido durante sus años de gloria.
Recobrada la libertad, cambió de nombre y apellido (adoptó los de Sebastian Melmoth) y emigró a París, donde permaneció hasta su muerte. Sus últimos años de vida se caracterizaron por la fragilidad económica, sus quebrantos de salud, los problemas derivados de su afición a la bebida y un acercamiento de última hora al catolicismo. Sólo póstumamente sus obras volvieron a representarse y a editarse. En 1906, Richard Strauss puso música a su drama Salomé, y con el paso de los años se tradujo a varias lenguas la práctica totalidad de su producción literaria.

Información

El trabajo de "El fantasma de Canterville" es para ir leyendo, por ende vayan buscando el libro y comiencen con la lectura.
Para 1° 16° la evaluación pendiente, una vez que comiencen las clases acordaremos una nueva fecha.
Para ambos cursos acuérdense que el trabajo que tienen para enviarme es sobre El diario de Adán y Eva de Mark Twain.
Saludos y cuídense mucho.
La profe. Sara

Trabajo para ir leyendo 1° 16 EEM2 y 1° 10° EEM3



13 de julio de 2009

Las Tic y Lengua y Literatura

Para que puedan realizar sus trabajos, aquí les dejo una presentación con las distintas páginas, con direcciones para presentaciones, audio, video y más.
Espero les sea de mucha utilidad.

Este trabajo fue presentado en las Jornadas en el Centro Regional de Innovación y Formación "Las Acacias" de Madrid durante las tardes de los días 2, 3 y 4 de junio.
Presentación realizada por http://angelpuente.blogspot.com/

Después de varios días realmente me siento así...


procedencia de la imagen: http://www.jrmora.com/blog/2008/09/24/demasiados-ordenadores/

Sintaxis

Una buena propuesta para practicar el análisis de oraciones es visitar la página siguiente, allí encontrarán diversos ejercicios interactivos.

http://www.tinglado.net/?id=la-oracion-simple-sintaxis

9 de julio de 2009

Reflexiones: La caricia perdida



Se me va de los dedos la caricia sin causa,se me va de los dedos... En el viento, al pasar,la caricia que vaga sin destino ni objeto,la caricia perdida ¿quién la recogerá?
Pude amar esta noche con piedad infinita,pude amar al primero que acertara a llegar.Nadie llega. Están solos los floridos senderos.La caricia perdida, rodará... rodará...
Si en los ojos te besan esta noche, viajero,si estremece las ramas un dulce suspirar,si te oprime los dedos una mano pequeñaque te toma y te deja, que te logra y se va.
Si no ves esa mano, ni esa boca que besa,si es el aire quien teje la ilusión de besar,oh, viajero, que tienes como el cielo los ojos,en el viento fundida, ¿me reconocerás?


Alfonsina Storni


Producción de Textos: El cuento



Uno de los inconvenientes con los que tropiezan a la hora de producir textos es que no saben cómo empezar o creen que sólo se puede comenzar con "Había una vez...", aunque no sea un cuento lo que se narra.
Por eso deseo alcanzarles el "Decálogo del Perfecto Cuentista" que, seguramente, los podrá ayudar bastante.
Decálogo del Perfecto Cuentista
I. Cree en el maestro -Poe, Maupassant, Kipling, Chejov- como en Dios mismo.
II. Cree que tu arte es una cima inaccesible. No sueñes con dominarla. Cuando puedas hacerlo, lo conseguirás, sin saberlo tú mismo.
III. Resiste cuanto puedas a la imitación, pero imita si el influjo es demasiado fuerte. Más que cualquier otra cosa, el desarrollo de la personalidad es una larga paciencia.
IV. Ten fe ciega, no en tu capacidad para el triunfo, sino en el ardor con que lo deseas. Ama a tu arte como a tu novia, dándole todo tu corazón.
V. No empieces a escribir sin saber desde la primera palabra a dónde vas. En un cuento bien logrado las tres primeras líneas tiene casi la misma importancia que las tres últimas.
VI. Si quieras expresar con exactitud esta circunstancia: "Desde el río, soplaba un viento frío", no hay en lengua humana más palabras que las apuntadas para expresarla. Una vez dueño de las palabras, no te preocupes de observar si son consonantes o asonantes.VII. No adjetives sin necesidad. Inútiles serán cuantas colas adhieras a un sustantivo débil. Si hallas el que es preciso, él, solo, tendrá un color incomparable. Pero hay que hallarlo.
VIII. Toma a los personajes de la mano y llévalos firmemente hasta el final, sin ver otra cosa que el camino que les trazaste. No te distrigas viendo tu lo que ellos no pueden o no les importa ver. No abuses del lector. Un cuento es una novela depurada de ripios. Ten esto por una verdad absoluta, aunque no lo sea.
IX. No escribas bajo el imperio de la emoción. Déjala y evócala. Si eres capaz de revivirla tal cual fue. has llegado en arte a la mitad del camino.
X. No pienses en los amigos al escribir, ni en la impresión que hará tu historia. Cuenta como si el relato no tuviera interés más que para el pequeño ambiente de tus personajes, de los que pudiste haber sido uno. No de otro modo se obtiene vida en el cuento.

8 de julio de 2009

Recursos: Portales Educativos

El portal http://www.educaguia.com/ ofrece recursos educativos para todas las materias, tales como Literatura, Lengua, Inglés que te pueden servir de ayuda para realizar tus tareas. Entra y busca lo que necesites.

7 de julio de 2009

Leyenda para compartir: El trébol de cuatro hojas...



La mayor parte de la gente piensa
que los tréboles son, simplemente, plantitas.
Pero en realidad no es así;
la verdad es que los tréboles son flores,
son las flores del Amor.
Porque, como todos sabemos,
hay tréboles de cuatro hojas.
Pero alguna vez tuvo que nacer el primero...

Cuenta la leyenda...

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En un campo como tantos otros,
había un montoncillo de tréboles,
todos de tres hojas.
Entre ellos había relaciones
como las de los hombres:
amistades, devociones, admiración, atracción...
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Hasta que un día,
dos tréboles se enamoraron por completo:
sus tallos temblaban al despertar cada mañana
y contemplarse el uno al otro.
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Los tréboles querían ser uno solo,
pero sabían que no era posible:
eran dos flores diferentes
y no podían convertirse en una!
Y además, había cosas que hacían que entre ambos
hubiese roces y enfados...
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Pasó el tiempo...
y los tréboles estaban más y más enamorados;
hasta que un día,
ya llenos por completo el uno del otro,
decidieron dejar morir su parte negativa, el miedo,
que era lo que hacía que se separasen el uno del otro.
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Cuando por fin pudieron dejar que muriese esa parte,
con ella murió también una de sus hojas,
y entonces, por fin, se fundieron en un solo tallo,
formando un trébol de cuatro hojas.
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Hay muy pocos tréboles
que consigan llegar hasta los límites del Amor,
pero son su máxima expresión.
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Desde entonces,
se dice que los tréboles
de cuatro hojas traen buena suerte,
por que ésta no es otra cosa que el Amor puro.
Y por eso, cuando encuentras uno,
es que estás preparado para esta gran aventura de amar,
y si alguien te lo regala...
es que está invitándote a compartirla...

Para leer



Recordatorio


Trabajo Práctico ESB 28 2° D


Un regalito para mis alumnas y alumnos. de la Profe. Sara

6 de julio de 2009

"Bajo la lluvia"


¡Cómo resbala el agua por mi espalda!
¡Cómo moja mi falda
y pone en mis mejillas su frescura de nieve!
Llueve, llueve, llueve.
Y voy, senda adelante,
con el alma ligera y la cara radiante.
Sin sentir, sin soñar,
llena de la voluptuosidad de no pensar
Un pájaro se baña
en una charca turbia. Mi presencia le extraña.
Se detiene... Me mira... Nos sentimos amigos...
¡Los dos amamos mucho cielos, campos y trigos!
Después es el asombro
de un labriego que pasa con su azada en el hombro.
Y la lluvia me cubre
de todas las fragancias que a los setos da Octubre.
Y es, sobre mi cuerpo por el agua empapado,
como un maravilloso y estupendo tocado
de gotas cristalinas, de flores deshojadas
que vuelcan a mi paso las plantas asombradas.
Y siento, en la vacuidad
del cerebro sin sueños, la voluptuosidad
del placer infinito, dulce y desconocido,
de un minuto de olvido.
Llueve, llueve, llueve,
y tengo, en alma y carne, como un frescor de nieve.
Juana de Ibarbourou

Un día de lluvia tiene su magia...


5 de julio de 2009

Para comenzar la mañana, un poema...


A los amigos se les cuenta
como a los dedos de las manos
uno por uno va la cuenta
y nunca más de diez pasamos.
A los amigos por amigos
en todo trance les contamos
por eso amigos más que amigos
se les percibe como hermanos.

A los amigos en sus pasos
no se les juzgan sus defectos
se les consuela en sus fracasos
y se comparten sus aciertos.

A los amigos se les quiere
sólo por ser nuestros amigos
cuando no cuenta lo que tiene
o lo que tuvo y ha perdido.

A los amigos les debemos
parte importante de la vida
pues nos afianzan sus afectos
cuando amenaza la caída.

A los amigos por amigos
saberse serlo no hace falta
no es necesario ni decirlo
ellos lo saben y eso basta.

A los amigos en sus pasos
no se les juzgan sus defectos
se les consuela en sus fracasos
y se comparten sus aciertos.

Por los amigos mis amigos

Porque un amigo es una gracia

Por ser mi amigo fiel, amigo
sólo por eso, amigo, gracias



Paco Stanley

Poema de los amigos.

Amigo virtual...

4 de julio de 2009

"Quízás seamos, un recuerdo" Para Reflexionar

Estarán de acuerdo conmigo si les digo que la vida
es una absurda huida hacia adelante, ya ven,
un correr sin moverse del sitio,
jamás dejaremos atrás nuestro pasado,
y nunca alcanzaremos nuestro futuro,
nuestro futuro siempre va
un paso por delante de nosotros.

Por eso nadie puede saber nada del futuro,
y quien diga que sabe algo,
o miente o sencillamente es un incauto.

De todas formas, aquellos para los que
el presente son solo las cosas presentes,
son unos seres vacíos y resignados
que se conforman con poco.

Aquellos que intentan alcanzar su futuro,
son unos necios.

Lo único real, y ustedes lo saben tan bien como yo,
es nuestro pasado, somos nuestro pasado,
o mejor, somos el recuerdo de nuestro pasado.


" Quizás solo seamos eso, un recuerdo."
Fuente:http://www.el-rincon-de-sylvia.es

3 de julio de 2009

Como la gripe nos obliga a quedarnos en...


Cumplo con las Directivas del Ministerio, enviándoles las actividades que deberán realizar en estos días.
Para los alumnos de la ESB 32, ya está publicado el trabajo práctico sobre Edgar Allan Poe.
Para los alumnos de EEM 2 1°16°, el libro a trabajar es "El diario de Adán y Eva", que subí al blog.
Para 1°8° : ¡No se olviden que tienen que hacer el trabajo dado en clase!
Besos para todos y a cuidarse.

Trabajo Práctico ESB 32- ESB 28 - EET 2 "El gato negro" de Edgar Allan Poe


EL GATO NEGRO
1. Al principio del relato, el narrador dice: “Mañana voy a morir”. Una vez leído el cuento sabrás por qué. ¿Puedes decir cómo y por qué sabe que va a morir?
2. Poe habla de una enfermedad que también padeció él a lo largo de su vida y, entre otras cosas, le hizo morir de una forma miserable. ¿De cuál se trata? ¿En qué parte del cuento está? Escríbelo textualmente.
3. ¿Cómo explicas el comportamiento de la mujer?
4.¿Cómo llama el narrador a los hechos que está relatando?
5. ¿Cuál es la terrible enfermedad que lo atormenta?
6. Cuando Poe dice que “su terrible peso [el del gato], está eternamente apostado sobre el corazón”, ¿qué crees que quiere decir?
7. Verdaderamente, ¿qué es lo hace que se descubra todo el horror cometido?
8. ¿Cuáles son los cambios que sufre el personaje en cuanto a su carácter, la relación con los animales y el vínculo con su esposa? ¿A qué se los atribuye?
9. Escribí una carta en la que la esposa del protagonista le cuente a un familiar el cambio de humor de su esposo y el trato que les da a los animales.

El gato negro de E. Allan Poe




No espero ni pido que alguien crea en el extraño aunque simple relato que me dispongo a escribir. Loco estaría si lo esperara, cuando mis sentidos rechazan su propia evidencia. Pero no estoy loco y sé muy bien que esto no es un sueño. Mañana voy a morir y quisiera aliviar hoy mi alma. Mi propósito inmediato consiste en poner de manifiesto, simple, sucintamente y sin comentarios, una serie de episodios domésticos. Las consecuencias de esos episodios me han aterrorizado, me han torturado y, por fin, me han destruido. Pero no intentaré explicarlos. Si para mí han sido horribles, para otros resultarán menos espantosos que barrocos. Más adelante, tal vez, aparecerá alguien cuya inteligencia reduzca mis fantasmas a lugares comunes; una inteligencia más serena, más lógica y mucho menos excitable que la mía, capaz de ver en las circunstancias que temerosamente describiré, una vulgar sucesión de causas y efectos naturales.
Desde la infancia me destaqué por la docilidad y bondad de mi carácter. La ternura que abrigaba mi corazón era tan grande que llegaba a convertirme en objeto de burla para mis compañeros. Me gustaban especialmente los animales, y mis padres me permitían tener una gran variedad. Pasaba a su lado la mayor parte del tiempo, y jamás me sentía más feliz que cuando les daba de comer y los acariciaba. Este rasgo de mi carácter creció conmigo y, cuando llegué a la virilidad, se convirtió en una de mis principales fuentes de placer. Aquellos que alguna vez han experimentado cariño hacia un perro fiel y sagaz no necesitan que me moleste en explicarles la naturaleza o la intensidad de la retribución que recibía. Hay algo en el generoso y abnegado amor de un animal que llega directamente al corazón de aquel que con frecuencia ha probado la falsa amistad y la frágil fidelidad del hombre.
Me casé joven y tuve la alegría de que mi esposa compartiera mis preferencias. Al observar mi gusto por los animales domésticos, no perdía oportunidad de procurarme los más agradables de entre ellos. Teníamos pájaros, peces de colores, un hermoso perro, conejos, un monito y un gato.
Este último era un animal de notable tamaño y hermosura, completamente negro y de una sagacidad asombrosa. Al referirse a su inteligencia, mi mujer, que en el fondo era no poco supersticiosa, aludía con frecuencia a la antigua creencia popular de que todos los gatos negros son brujas metamorfoseadas. No quiero decir que lo creyera seriamente, y sólo menciono la cosa porque acabo de recordarla.
Plutón -tal era el nombre del gato- se había convertido en mi favorito y mi camarada. Sólo yo le daba de comer y él me seguía por todas partes en casa. Me costaba mucho impedir que anduviera tras de mí en la calle.
Nuestra amistad duró así varios años, en el curso de los cuales (enrojezco al confesarlo) mi temperamento y mi carácter se alteraron radicalmente por culpa del demonio. Intemperancia. Día a día me fui volviendo más melancólico, irritable e indiferente hacia los sentimientos ajenos. Llegué, incluso, a hablar descomedidamente a mi mujer y terminé por infligirle violencias personales. Mis favoritos, claro está, sintieron igualmente el cambio de mi carácter. No sólo los descuidaba, sino que llegué a hacerles daño. Hacia Plutón, sin embargo, conservé suficiente consideración como para abstenerme de maltratarlo, cosa que hacía con los conejos, el mono y hasta el perro cuando, por casualidad o movidos por el afecto, se cruzaban en mi camino. Mi enfermedad, empero, se agravaba -pues, ¿qué enfermedad es comparable al alcohol?-, y finalmente el mismo Plutón, que ya estaba viejo y, por tanto, algo enojadizo, empezó a sufrir las consecuencias de mi mal humor.
Una noche en que volvía a casa completamente embriagado, después de una de mis correrías por la ciudad, me pareció que el gato evitaba mi presencia. Lo alcé en brazos, pero, asustado por mi violencia, me mordió ligeramente en la mano. Al punto se apoderó de mí una furia demoníaca y ya no supe lo que hacía. Fue como si la raíz de mi alma se separara de golpe de mi cuerpo; una maldad más que diabólica, alimentada por la ginebra, estremeció cada fibra de mi ser. Sacando del bolsillo del chaleco un cortaplumas, lo abrí mientras sujetaba al pobre animal por el pescuezo y, deliberadamente, le hice saltar un ojo. Enrojezco, me abraso, tiemblo mientras escribo tan condenable atrocidad.
Cuando la razón retornó con la mañana, cuando hube disipado en el sueño los vapores de la orgía nocturna, sentí que el horror se mezclaba con el remordimiento ante el crimen cometido; pero mi sentimiento era débil y ambiguo, no alcanzaba a interesar al alma. Una vez más me hundí en los excesos y muy pronto ahogué en vino los recuerdos de lo sucedido.
El gato, entretanto, mejoraba poco a poco. Cierto que la órbita donde faltaba el ojo presentaba un horrible aspecto, pero el animal no parecía sufrir ya. Se paseaba, como de costumbre, por la casa, aunque, como es de imaginar, huía aterrorizado al verme. Me quedaba aún bastante de mi antigua manera de ser para sentirme agraviado por la evidente antipatía de un animal que alguna vez me había querido tanto. Pero ese sentimiento no tardó en ceder paso a la irritación. Y entonces, para mi caída final e irrevocable, se presentó el espíritu de la perversidad. La filosofía no tiene en cuenta a este espíritu; y, sin embargo, tan seguro estoy de que mi alma existe como de que la perversidad es uno de los impulsos primordiales del corazón humano, una de las facultades primarias indivisibles, uno de esos sentimientos que dirigen el carácter del hombre. ¿Quién no se ha sorprendido a sí mismo cien veces en momentos en que cometía una acción tonta o malvada por la simple razón de que no debía cometerla? ¿No hay en nosotros una tendencia permanente, que enfrenta descaradamente al buen sentido, una tendencia a transgredir lo que constituye la Ley por el solo hecho de serlo? Este espíritu de perversidad se presentó, como he dicho, en mi caída final. Y el insondable anhelo que tenía mi alma de vejarse a sí misma, de violentar su propia naturaleza, de hacer mal por el mal mismo, me incitó a continuar y, finalmente, a consumar el suplicio que había infligido a la inocente bestia. Una mañana, obrando a sangre fría, le pasé un lazo por el pescuezo y lo ahorqué en la rama de un árbol; lo ahorqué mientras las lágrimas manaban de mis ojos y el más amargo remordimiento me apretaba el corazón; lo ahorqué porque recordaba que me había querido y porque estaba seguro de que no me había dado motivo para matarlo; lo ahorqué porque sabía que, al hacerlo, cometía un pecado, un pecado mortal que comprometería mi alma hasta llevarla -si ello fuera posible- más allá del alcance de la infinita misericordia del Dios más misericordioso y más terrible.
La noche de aquel mismo día en que cometí tan cruel acción me despertaron gritos de: "¡Incendio!" Las cortinas de mi cama eran una llama viva y toda la casa estaba ardiendo. Con gran dificultad pudimos escapar de la conflagración mi mujer, un sirviente y yo. Todo quedó destruido. Mis bienes terrenales se perdieron y desde ese momento tuve que resignarme a la desesperanza.
No incurriré en la debilidad de establecer una relación de causa y efecto entre el desastre y mi criminal acción. Pero estoy detallando una cadena de hechos y no quiero dejar ningún eslabón incompleto. Al día siguiente del incendio acudí a visitar las ruinas. Salvo una, las paredes se habían desplomado. La que quedaba en pie era un tabique divisorio de poco espesor, situado en el centro de la casa, y contra el cual se apoyaba antes la cabecera de mi lecho. El enlucido había quedado a salvo de la acción del fuego, cosa que atribuí a su reciente aplicación. Una densa muchedumbre habíase reunido frente a la pared y varias personas parecían examinar parte de la misma con gran atención y detalle. Las palabras "¡extraño!, ¡curioso!" y otras similares excitaron mi curiosidad. Al aproximarme vi que en la blanca superficie, grabada como un bajorrelieve, aparecía la imagen de un gigantesco gato. El contorno tenía una nitidez verdaderamente maravillosa. Había una soga alrededor del pescuezo del animal.
Al descubrir esta aparición -ya que no podía considerarla otra cosa- me sentí dominado por el asombro y el terror. Pero la reflexión vino luego en mi ayuda. Recordé que había ahorcado al gato en un jardín contiguo a la casa. Al producirse la alarma del incendio, la multitud había invadido inmediatamente el jardín: alguien debió de cortar la soga y tirar al gato en mi habitación por la ventana abierta. Sin duda, habían tratado de despertarme en esa forma. Probablemente la caída de las paredes comprimió a la víctima de mi crueldad contra el enlucido recién aplicado, cuya cal, junto con la acción de las llamas y el amoniaco del cadáver, produjo la imagen que acababa de ver.
Si bien en esta forma quedó satisfecha mi razón, ya que no mi conciencia, sobre el extraño episodio, lo ocurrido impresionó profundamente mi imaginación. Durante muchos meses no pude librarme del fantasma del gato, y en todo ese tiempo dominó mi espíritu un sentimiento informe que se parecía, sin serlo, al remordimiento. Llegué al punto de lamentar la pérdida del animal y buscar, en los viles antros que habitualmente frecuentaba, algún otro de la misma especie y apariencia que pudiera ocupar su lugar.
Una noche en que, borracho a medias, me hallaba en una taberna más que infame, reclamó mi atención algo negro posado sobre uno de los enormes toneles de ginebra que constituían el principal moblaje del lugar. Durante algunos minutos había estado mirando dicho tonel y me sorprendió no haber advertido antes la presencia de la mancha negra en lo alto. Me aproximé y la toqué con la mano. Era un gato negro muy grande, tan grande como Plutón y absolutamente igual a éste, salvo un detalle. Plutón no tenía el menor pelo blanco en el cuerpo, mientras este gato mostraba una vasta aunque indefinida mancha blanca que le cubría casi todo el pecho.
Al sentirse acariciado se enderezó prontamente, ronroneando con fuerza, se frotó contra mi mano y pareció encantado de mis atenciones. Acababa, pues, de encontrar el animal que precisamente andaba buscando. De inmediato, propuse su compra al tabernero, pero me contestó que el animal no era suyo y que jamás lo había visto antes ni sabía nada de él.
Continué acariciando al gato y, cuando me disponía a volver a casa, el animal pareció dispuesto a acompañarme. Le permití que lo hiciera, deteniéndome una y otra vez para inclinarme y acariciarlo. Cuando estuvo en casa, se acostumbró a ella de inmediato y se convirtió en el gran favorito de mi mujer.
Por mi parte, pronto sentí nacer en mí una antipatía hacia aquel animal. Era exactamente lo contrario de lo que había anticipado, pero -sin que pueda decir cómo ni por qué- su marcado cariño por mí me disgustaba y me fatigaba. Gradualmente, el sentimiento de disgusto y fatiga creció hasta alcanzar la amargura del odio. Evitaba encontrarme con el animal; un resto de vergüenza y el recuerdo de mi crueldad de antaño me vedaban maltratarlo. Durante algunas semanas me abstuve de pegarle o de hacerlo víctima de cualquier violencia; pero gradualmente -muy gradualmente- llegué a mirarlo con inexpresable odio y a huir en silencio de su detestable presencia, como si fuera una emanación de la peste.
Lo que, sin duda, contribuyó a aumentar mi odio fue descubrir, a la mañana siguiente de haberlo traído a casa, que aquel gato, igual que Plutón, era tuerto. Esta circunstancia fue precisamente la que lo hizo más grato a mi mujer, quien, como ya dije, poseía en alto grado esos sentimientos humanitarios que alguna vez habían sido mi rasgo distintivo y la fuente de mis placeres más simples y más puros.
El cariño del gato por mí parecía aumentar en el mismo grado que mi aversión. Seguía mis pasos con una pertinencia que me costaría hacer entender al lector. Dondequiera que me sentara venía a ovillarse bajo mi silla o saltaba a mis rodillas, prodigándome sus odiosas caricias. Si echaba a caminar, se metía entre mis pies, amenazando con hacerme caer, o bien clavaba sus largas y afiladas uñas en mis ropas, para poder trepar hasta mi pecho. En esos momentos, aunque ansiaba aniquilarlo de un solo golpe, me sentía paralizado por el recuerdo de mi primer crimen, pero sobre todo -quiero confesarlo ahora mismo- por un espantoso temor al animal.
Aquel temor no era precisamente miedo de un mal físico y, sin embargo, me sería imposible definirlo de otra manera. Me siento casi avergonzado de reconocer, sí, aún en esta celda de criminales me siento casi avergonzado de reconocer que el terror, el espanto que aquel animal me inspiraba, era intensificado por una de las más insensatas quimeras que sería dado concebir. Más de una vez mi mujer me había llamado la atención sobre la forma de la mancha blanca de la cual ya he hablado, y que constituía la única diferencia entre el extraño animal y el que yo había matado. El lector recordará que esta mancha, aunque grande, me había parecido al principio de forma indefinida; pero gradualmente, de manera tan imperceptible que mi razón luchó durante largo tiempo por rechazarla como fantástica, la mancha fue asumiendo un contorno de rigurosa precisión. Representaba ahora algo que me estremezco al nombrar, y por ello odiaba, temía y hubiera querido librarme del monstruo si hubiese sido capaz de atreverme; representaba, digo, la imagen de una cosa atroz, siniestra..., ¡la imagen del patíbulo! ¡Oh lúgubre y terrible máquina del horror y del crimen, de la agonía y de la muerte!
Me sentí entonces más miserable que todas las miserias humanas. ¡Pensar que una bestia, cuyo semejante había yo destruido desdeñosamente, una bestia era capaz de producir tan insoportable angustia en un hombre creado a imagen y semejanza de Dios! ¡Ay, ni de día ni de noche pude ya gozar de la bendición del reposo! De día, aquella criatura no me dejaba un instante solo; de noche, despertaba hora a hora de los más horrorosos sueños, para sentir el ardiente aliento de la cosa en mi rostro y su terrible peso -pesadilla encarnada de la que no me era posible desprenderme- apoyado eternamente sobre mi corazón.
Bajo el agobio de tormentos semejantes, sucumbió en mí lo poco que me quedaba de bueno. Sólo los malos pensamientos disfrutaban ya de mi intimidad; los más tenebrosos, los más perversos pensamientos. La melancolía habitual de mi humor creció hasta convertirse en aborrecimiento de todo lo que me rodeaba y de la entera humanidad; y mi pobre mujer, que de nada se quejaba, llegó a ser la habitual y paciente víctima de los repentinos y frecuentes arrebatos de ciega cólera a que me abandonaba.
Cierto día, para cumplir una tarea doméstica, me acompañó al sótano de la vieja casa donde nuestra pobreza nos obligaba a vivir. El gato me siguió mientras bajaba la empinada escalera y estuvo a punto de tirarme cabeza abajo, lo cual me exasperó hasta la locura. Alzando un hacha y olvidando en mi rabia los pueriles temores que hasta entonces habían detenido mi mano, descargué un golpe que hubiera matado instantáneamente al animal de haberlo alcanzado. Pero la mano de mi mujer detuvo su trayectoria. Entonces, llevado por su intervención a una rabia más que demoníaca, me zafé de su abrazo y le hundí el hacha en la cabeza. Sin un solo quejido, cayó muerta a mis pies.
Cumplido este espantoso asesinato, me entregué al punto y con toda sangre fría a la tarea de ocultar el cadáver. Sabía que era imposible sacarlo de casa, tanto de día como de noche, sin correr el riesgo de que algún vecino me observara. Diversos proyectos cruzaron mi mente. Por un momento pensé en descuartizar el cuerpo y quemar los pedazos. Luego se me ocurrió cavar una tumba en el piso del sótano. Pensé también si no convenía arrojar el cuerpo al pozo del patio o meterlo en un cajón, como si se tratara de una mercadería común, y llamar a un mozo de cordel para que lo retirara de casa. Pero, al fin, di con lo que me pareció el mejor expediente y decidí emparedar el cadáver en el sótano, tal como se dice que los monjes de la Edad Media emparedaban a sus víctimas.
El sótano se adaptaba bien a este propósito. Sus muros eran de material poco resistente y estaban recién revocados con un mortero ordinario, que la humedad de la atmósfera no había dejado endurecer. Además, en una de las paredes se veía la saliencia de una falsa chimenea, la cual había sido rellenada y tratada de manera semejante al resto del sótano. Sin lugar a dudas, sería muy fácil sacar los ladrillos en esa parte, introducir el cadáver y tapar el agujero como antes, de manera que ninguna mirada pudiese descubrir algo sospechoso.
No me equivocaba en mis cálculos. Fácilmente saqué los ladrillos con ayuda de una palanca y, luego de colocar cuidadosamente el cuerpo contra la pared interna, lo mantuve en esa posición mientras aplicaba de nuevo la mampostería en su forma original. Después de procurarme argamasa, arena y cerda, preparé un enlucido que no se distinguía del anterior y revoqué cuidadosamente el nuevo enladrillado. Concluida la tarea, me sentí seguro de que todo estaba bien. La pared no mostraba la menor señal de haber sido tocada. Había barrido hasta el menor fragmento de material suelto. Miré en torno, triunfante, y me dije: "Aquí, por lo menos, no he trabajado en vano".
Mi paso siguiente consistió en buscar a la bestia causante de tanta desgracia, pues al final me había decidido a matarla. Si en aquel momento el gato hubiera surgido ante mí, su destino habría quedado sellado, pero, por lo visto, el astuto animal, alarmado por la violencia de mi primer acceso de cólera, se cuidaba de aparecer mientras no cambiara mi humor. Imposible describir o imaginar el profundo, el maravilloso alivio que la ausencia de la detestada criatura trajo a mi pecho. No se presentó aquella noche, y así, por primera vez desde su llegada a la casa, pude dormir profunda y tranquilamente; sí, pude dormir, aun con el peso del crimen sobre mi alma.
Pasaron el segundo y el tercer día y mi atormentador no volvía. Una vez más respiré como un hombre libre. ¡Aterrado, el monstruo había huido de casa para siempre! ¡Ya no volvería a contemplarlo! Gozaba de una suprema felicidad, y la culpa de mi negra acción me preocupaba muy poco. Se practicaron algunas averiguaciones, a las que no me costó mucho responder. Incluso hubo una perquisición en la casa; pero, naturalmente, no se descubrió nada. Mi tranquilidad futura me parecía asegurada.
Al cuarto día del asesinato, un grupo de policías se presentó inesperadamente y procedió a una nueva y rigurosa inspección. Convencido de que mi escondrijo era impenetrable, no sentí la más leve inquietud. Los oficiales me pidieron que los acompañara en su examen. No dejaron hueco ni rincón sin revisar. Al final, por tercera o cuarta vez, bajaron al sótano. Los seguí sin que me temblara un solo músculo. Mi corazón latía tranquilamente, como el de aquel que duerme en la inocencia. Me paseé de un lado al otro del sótano. Había cruzado los brazos sobre el pecho y andaba tranquilamente de aquí para allá. Los policías estaban completamente satisfechos y se disponían a marcharse. La alegría de mi corazón era demasiado grande para reprimirla. Ardía en deseos de decirles, por lo menos, una palabra como prueba de triunfo y confirmar doblemente mi inocencia.
-Caballeros -dije, por fin, cuando el grupo subía la escalera-, me alegro mucho de haber disipado sus sospechas. Les deseo felicidad y un poco más de cortesía. Dicho sea de paso, caballeros, esta casa está muy bien construida... (En mi frenético deseo de decir alguna cosa con naturalidad, casi no me daba cuenta de mis palabras). Repito que es una casa de excelente construcción. Estas paredes... ¿ya se marchan ustedes, caballeros?... tienen una gran solidez.
Y entonces, arrastrado por mis propias bravatas, golpeé fuertemente con el bastón que llevaba en la mano sobre la pared del enladrillado tras de la cual se hallaba el cadáver de la esposa de mi corazón.
¡Que Dios me proteja y me libre de las garras del archidemonio! Apenas había cesado el eco de mis golpes cuando una voz respondió desde dentro de la tumba. Un quejido, sordo y entrecortado al comienzo, semejante al sollozar de un niño, que luego creció rápidamente hasta convertirse en un largo, agudo y continuo alarido, anormal, como inhumano, un aullido, un clamor de lamentación, mitad de horror, mitad de triunfo, como sólo puede haber brotado en el infierno de la garganta de los condenados en su agonía y de los demonios exultantes en la condenación.
Hablar de lo que pensé en ese momento sería locura. Presa de vértigo, fui tambaleándome hasta la pared opuesta. Por un instante el grupo de hombres en la escalera quedó paralizado por el terror. Luego, una docena de robustos brazos atacaron la pared, que cayó de una pieza. El cadáver, ya muy corrompido y manchado de sangre coagulada, apareció de pie ante los ojos de los espectadores. Sobre su cabeza, con la roja boca abierta y el único ojo como de fuego, estaba agazapada la horrible bestia cuya astucia me había inducido al asesinato y cuya voz delatadora me entregaba al verdugo. ¡Había emparedado al monstruo en la tumba!